8.4.13

Soy un hijo de la materia oscura



I
Hay días en los que a uno le salen las cosas bien y revisa el modo en que se han conducido los acontecimientos y advierte que no hubo nada especial que contribuyera a esa felicidad. Una conjunción de azares, podría ser. A lo sumo, una serie de benditas coincidencias. Sucede también al contrario. Días terribles en donde nada sale como uno espera y que, al ser revisados, cuando concluyen, tampoco ofrecen material con el que extraer alguna enseñanza. Vendrá esto a decirnos que en realidad importa muy poco el modo en que vivimos porque estamos a merced de los enemigos a los que no conocemos. Al enemigo se le vence a medida que se le va conociendo. No hay nada a lo que aferrarse o nada que, si nos aferramos bien fuerte, nos garantice la felicidad que anhelamos. Será que no hay felicidad posible. Solo una suma de pequeñas alegrías. Tampoco existe su anverso. En todo caso lo que hay es una suma de pequeñas tristezas. Digo o escribo todo esto el día en que han muerto Margaret Thatcher y Sara Montiel, viejitas ya ambas, habiendo atravesado los crudos inviernos y los cálidos veranos. Quiere uno morir como la Montiel. Que un desmayo te sobrevenga en el salón y te lleve al otro mundo sin que se note mucho ni afuera ni adentro. Que te lloren los deudos y tú abandones el oficio maravilloso de vivir. No sabemos (yo al menos no tengo ni la menor idea) si hay otro mundo detrás de éste. No sé qué va a pasar mañana así que comprenderán que no me preocupé por las metáforas del porvenir. 

II
Una parte considerable de mí se resiste a ser un hijo de la materia oscura. Otra, en cambio, está fascinada con la posibilidad de que me haya parido la tiniebla, el pulso secreto de un mecanismo de precisión que escapa por completo a mis capacidades de entendimiento. El universo es que es de verdad una cosa maravillosa. No hay mapa que lo agote. Tampoco ojo que lo abarque. En esas tesituras cósmicas, hoy que he visto un artículo de prensa sobre el origen del cosmos y la certeza de que más de la mitad de él está formado por tal materia oscura, me siento particularmente cómodo. Las disfruto porque no las entiendo. Caso de que sí las comprenda, en el hipotético y remoto escenario en el que me maneje con soltura con los agujeros negros, la teoría de las cuerdas y el puñetero big bang de las narices, creo que perderé ese disfrute. De ahí que no crea en el cielo, pero acepte y hasta sienta sana envidia por los que creen y esperan que haya una vida después de ésta y se sepan de memoria todas las metáforas del porvenir. Ya he dejado escrito muchas veces esto, contado de una forma o de otra. No es que mi alma (si es que hay una por ahí adentro) desee creer. Es más bien que los que creen, los que de verdad lo hacen, sin fingimientos ni falsedades, acceden a niveles de la percepción espiritual a donde yo, descreído, no alcanzo. Insisto en que no es una declaración pública de una súbita inclinación hacia los fastos y los milagros de la fe. No es nada de eso. Es simplemente la constatación de una realidad. Si hay tanta materia oscura, ¿quién soy yo, triste criatura con un blog, una mujer y dos hijos, padres y algunos buenos amigos, amante del cine y del jazz, de las palabras en los libros y de las barras de bar, para dudar de que en sus tripas anide un Dios y me esté mirando ahora y se consuele con la idea de que algún día caeré de bruces en su regazo? Espero que sea tarde. Mientras tanto, sigo en pecado, descreyendo, disfrutando de mi pagana voluntad escéptica. En fin, que soy un hijo de la materia oscura, un vórtice de luz en las tinieblas, un pequeño cuerpo (a pesar de mis muchos kilos) en la insondable negritud del caos.Y además hoy es lunes.


6 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo también. Creo algo más que tú, pero venimos del mismo oscuro lugar. Eres un "pagano" interesante.

Juan Fernando C.

Anónimo dijo...

Dos cosas para terminar el día. La primera es que tengo que leer todos los días lo que escribes. A veces me gusta mucho y otras no tanto, pero es la lectura del día, y eso se agradece. Luego lo de la materia oscura. Que me parte un rayo y me parta otra vez si eso va a guiar mi vida, que está muy ocupada con sacar una casa y unos hijos, dos, como tú, que bracean para llegar a la orilla del trabajo y no hay quien les eche una cuerda. Malos tiempos, eso serán. Pero leerte, a pesar de algunas discrepancias de contenido, me parece una actividad estupenda, un regalo.

Y ya paro de echar piropos...

Carmen Mª Pérez

José Puerto dijo...

Amigo Emilio, en una clase de religión de bachillerato me dijeron algo así como que "Hombre recto y sincero = conectado con Dios"... Aún admitiendo que habrá que definir la rectitud y la sinceridad en todos sus matices... Si uno es honesto consigo mismo y con los demás, el Dios que lo crió sabrá porqué lo puso en unas coordenadas vitales u otras.
Pero sobre la oscuridad, ya sabes el chiste fácil actual... Hay que temerle más a la luz cuando llega el recibo... Y la luz desmedida también mata, puede achicharrar... La vida son vórtices de Luz que se gestan en la oscuridad, la Luz del mundo crística nació en una cueva (y creo que hay otros mitos similares con dioses antiguos... Bueno a Cristo le cabe ser verdad y mito a la vez, porque es muy grande)... Y, vista tu recurrente interrogación metafísica, el trabajo de alquimia teológica que vienes haciendo en tus mismas entretelas no lo hacemos los creyentes salvo en episodios de Noche Oscura pasajeros, que son los que preceden a los grandes amaneceres. Te llegará la Luz de "tu" mañana el día que menos lo esperes y si no has vivido engañando ni engañandote, la podrás disfrutar sin que te duela y comprobarás que nada sucede por azar, que nada es casual sino causal... Que hasta el último pelo de tu cabeza, los pocos de tonto que te queden y que perdieras, todos están contados...

Lo de los lunes es normal... Ya sabes que la luna no es ninguna luz sino un espejo muy veleta y lo mismo se llena que se vacía... Y además es hembra... That's why SUNdays are always better. (Espero que esto no lo lean muchas féminas)

Ana Orenga dijo...

Opina José Puerto que parece conocerte bien cosas que comparto. Lo que no creo es que haya que terminar creyendo. Hay grandes personas que no creen y grandes que sí. Y se acabó. La búsqueda es hermosa, de todas maneras.

Isabel Huete dijo...

Yo no sé de qué materia estoy hecha, si de la oscura o de la celeste, ni me importa, la verdad. Lo que sí se es que soy fan tuya, cuando te leo y cuando no te leo. :)

Ana dijo...

Fan me too.