23.11.11

La felicidad



Hay pocos sitios en este mundo en donde esté mejor que dentro de una librería. Está uno a cobijo. A salvo del caos y del vértigo y de la fiebre. Se sabe privilegiado en mundo sin privlegios. Piensa uno que tiene a mano la salvación y que solo precisa escoger la forma en que dispensársela. La mía anoche la extraje de un anaquel muy alto de mi librería particular, la de mi casa, y tenía grabado en el lomo un nombre, José Ángel Valente. El fulgor. Edición de la Galaxia Gutenberg. Me dio placer una hora infinita al amparo de la prudente luz del flexo de mi mesita de noche. Luego caí en un sueño de desiertos sin nombre, en un júbilo dulce, en una fuga perfecta. Ahí está. Esperando. Pidiendo que lo descubra otra vez.

7 comentarios:

El Caballero de las Palabras dijo...

Hay una falta increíble de estanterías en mi casa. Faltan libros, en mi estrecha habitación de estudiante apenas caben. Un frío atlas y un manual de arte prehistórico poca paz pueden darme, como mucho un intento de descanso. Siempre me quedarán las bibliotecas y sus catálogos.

Francisco Machuca dijo...

A mí me gustan las librerías de viejo.Desgraciadamente estás desapareciendo,amigo.Buscar y buscar libros que pertenecieron a otros y no saber su procedencia.Es muy curioso tropezar con el nombre de un propietario anterior en la portadilla de un libro usado, y todavía más si ese lector añadió notas al margen: "demasiado flojo", "me encanta esto", "¡¿qué?!". ¿Quién era esa otra persona que sin saberlo ha compartido conmigo los placeres de este mundo imaginado? O bien la historia que hay detrás de una dedicatoria romántica escrita en la guarda: "Querida Isabel, ojalá guardes siempre con cariño este libro y me tengas a tu lado cada vez que lo abras. Con amor, David". ¿Qué fue de Isabel y de David? ¿Y qué fue lo que salió mal? Otras veces encuentro una flor reseca entre las páginas; símbolo de un amor prohibido, imaginario o imposible. Como decía Cernuda: "Una pausa de amor entre la fuga de las cosas." Yo siempre suele decirles a mis amigos lectores que si alguna vez compran un libro viejo y encuentran entre sus páginas ceniza de cigarrillo, puede que haya sido mío. "Las cenizas de cigarro que queda entre las páginas de los libros viejos son la mejor imagen de lo que quedó en ellos de la vida del que los leyó." Ramón Gómez de la Serna.

Un fuerte abrazo,amigo.

Francisco Machuca dijo...

He escrito "estás" en vez de "están".Lo digo para que no me malinterpretes,amigo.
Un saludo.

Ramón Besonías dijo...

Ay, caballero de la Triste Figura,
que hoy los molinos son gigantes financieros
y las Dulcineas ya no desean ser rescatadas.

Vuelva usted, Alonso Quijano,
a su feto de celulosa,
que a poco que salga a desfacer entuertos
el mundo le devolverá
a donde vino y de donde nunca debió emigrar.

Los libros pueden ser, Emilio,
un feliz abrigo,
una excusa razonable,
un refugio complaciente...
Pero el Quijote debe partir,
salir de su hacienda
y después morir.

Joselu dijo...

A mí las librerías me producen una extraña sensación. Por un lado son los lugares más acogedores que conozco y en eso estoy contigo. A la vez, siento el peso de miles y miles de ejemplares, títulos y autores a los que no podré conocer jamás... MIro las contraportadas y siento deseo de leerlos, de interesarme por campos diversos de conocimiento... pero sé que será imposible. Por un lado está la llimitación de la vida humana, pero por otro lado está también la lmitiación de mi capacidad lectora que se ha reducido por influencia de la vida digital o de mis propias circunstancias. Creo que no hay mayor placer que la lectura sino es la vida misma. ¿Alguien que viviera intensamente necesitaría leer? ¿O leer nos hace vivir precisamente más intensamente? ¿O es el sustitutivo de la vida? ¿Cuando hacemoe el amor estamos pensando en un libro? ¿Cuando viajamos estamos pensando en Stendhal y su Viaje a Italia? ¿Somos como Azorín que cuando llegaba a una ciudad lo primero que hacía era ir a la biblioteca del lugar para conocer dicho lugar en vez de enfrentarse a la vida en estado puro?

No sé si la literatura es refugio de los valientes o de los cobardes. Hubo un tiempo en que ambas vocaciones, la de soldado y poeta iban juntas. Ahora no. No entendemos que vayan juntas.

Pero sí, una biblioteca es un espacio importante.

Joselu dijo...

Una librería quería decir en lugar de biblioteca, aunque también.

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

La época de los libros precarios, digamos, es particularmente buena, amigo. Se quieren los libros de otra manera quizá porque no tiene uno todo el tiempo del mundo para meterse en ellos - tu caso, ahora -
Nos vemos uno de estos días, caballero.

Las historias dentro de la historia previsible, la del autor, la que uno ya sospecha o es nueva, pero la sabe compartida con todos los lectores, pero la historia del que apunta, ese diario improvisado y pasional, ay, eso me encanta también, Francisco. Tuve una época anotadora que deje, no sé la causa. Las librerías de viejo no abundan ya por donde vivo. En Córdoba, una había, ya no sé. Un abrazo, Francisco

A mi amigo Caballero de las palabras le habrá encantado tu versificación, Ramón. Lo suyo es el teatro. Pronto la recita por ahí.

Un mundo cabe en tu comentario. Hay un mundo, de hecho, ahí adnetro, Joselu. No poder abarcarlo todo y sin embargo quererlo abarcar todo. No poder devorarlo todo y sentir el hambre comiéndote a ti ahí adentro. Un dolor dulce, por supuesto. Los libros no sustituyen a la vida, pero la hacen más llevadera, sencillamente expresado es así. Al estar en Stendhal no ss está en otra cosa. Al estar en los bares con los amigos o con la mujer, amándola o contándole que viste unos zapatos que te gustaron, se está en esos asuntos y no se piensa en los libros. No siempre es así. Hay libros que te secuestran, literalmente, nunca mejor dicho, nunca mejor escrito. Y mujeres que hacen lo mismo que los libros, de otra forma. Eso merece un post también. Un abrazo, Joselu. Grande.