16.10.11

Parte dominical


I
No confío en la memoria. Se emperra siempre en engañarme, procura lastimarme lo menos posible, pero me priva de tener una biografía fiable, un inventario sincero de lo que ha ido pasando desde que empezó la trama. El olvido es, en el fondo, un fantástico mecanismo de defensa. Uno se cree las mentiras que va construyendo. La memoria aliña los datos, los rehace, los reescribe. A su modo, que es el nuestro, la memoria es un vigoroso escritor decimonónico que va puliendo los ingredientes del folletín para que no nos sintamos defraudos en exceso y salgamos por la mañana a la calle rutilantes y hermosos, convencidos de que este mnundo es un mundo maravilloso y que podemos seguir diciéndonos todas estas cosas bonitas a diario y no caer en la cuenta del fraude.

II
Viene el otoño a lo lejos y crece un malestar de naturaleza enteramente climatológica. Está ya el cuerpo vencido por los rigores del calor y la memoria climática, la que todos llevamos adentro como una especie de termostato sentimental, exige un cambio, un sacar las prendas largas del armario y guardar las que hemos aireado en verano. Ve uno la navidad, que está a la vuelta de la esquina como quien dice, como una anomalía y se pregunta si le convendrá a Papa Nöel una camisa de manga corta con dibujos de palmeras a modo de reclamo turístico. Confieso que miro los partes metereológicos con el suspense con el que me manejo en otros asuntos de más hondura emocional. Miro los mapas a la búsqueda de un indicio de renovación, pero no me dan los placeres que busco y sigo abriendo la ventana del dormitorio cuando me acuesto y todavía están las mantas en el altillo. Ellas son las que sufren este cautiverio infame. Ellas, las abandonadas.

III
Los indignados a veces parecen ocupas con coartada. Dan la impresión de que salen afuera y sacan sus pancartas y sus panfletos sin vigilar quiénes se les agregan. Les falta tal vez el organigrama de las instituciones a las que critican. Pero si se organizan en exceso y compartimentan sus cometidos puede suceder que se parezcan al enemigo con el que batallan. La indignación, además, cuando es eterna debe llamarse de otra manera. Ya están indignados: digamos que esa etapa de su hoja de ruta reivindicativa ha debido pasar página y ahora, a beneficio de lo que anhelan, debieran buscar otra semántica. Emociona, no obstante, la coreografía azarosa de las calles, el llenado vocacional de las plazas, toda esa hermosa (en el fondo) evidencia de sangre caliente subiendo y bajando desde el corazón hasta las palabras.

IV
Leí, no sé dónde, que la primera luna de otoño es la que trae a los fantasmas. No sé cuáles vinieron con la reciente. Está el fantasma de las elecciones futuras y el fantasma de las elecciones pasadas, ya sabe usted, señor Scrooge. Dicen que el próximo siete de noviembre se van a ver las caras los dos postulantes a la casa monclovita. No imagino otra cosa que un cuento gótico a la Shelley. Una trama como de penumbra de historia decadentista con montones de sacrificados en los sótanos del castillo. Ahí andan, los sacrificados. Se mueven en horizontal, registran las dependencias más escondidas de ese castillo, pero les está prohibido subir a las plantas nobles. Supongo que eso piden los indignados de Sol y de Times Square: que todos podamos residir en la planta que queramos o en la que merezcamos, en todo caso. Que sólo resida en los bajos el que no se apreste al esfuerzo y siga pensando que se le debe absoutamente todo y nada que salga de sí mismo es relevante.

15 comentarios:

Olga Bernad dijo...

La memoria tiene algo de prostituta melancólica, sí. Y los indignados algo de río de sangre caliente que ojalá no muera en el inmenso mar del desconcierto, pero no lo sé. No sabía lo de la luna de otoño. Hic sunt fantasmas...
Me gustan tus textos.

Arusia dijo...

Ágil en lo más sencillo, preciso con las palabras y ocurrente con las ideas, Emilio.

Francisco Machuca dijo...

Un hombre ve un galgo medio dormido a la sombra de un árbol. Se acerca para hablarle y mantienen una conversación:
-¿Qué pasa, no corres en las carreras?
-No-responde el galgo.
-¿Por qué, eres demasiado viejo para correr en las carreras?
-No, todavía corro.
-Entonces, ¿qué pasa? ¿Ya no ganas carreras como antes?
-Gané un millón de euros para mi amo.
-Y qué pasó, ¿te trataba mal?
-No.
-¿Tuviste lesiones?
-No.
-Entonces, ¿qué?
-Me retiré.
-¿Por qué te retiraste?
Y el perro corredor de carreras responde finalmente:
-Un día descubrí que después de tanto correr y correr, el conejo que perseguía no era real.

¿Conocemos realmente aquello que perseguimos? ¿Nos pasamos la vida utilizando toda nuestra energía, nuestro esfuerzo y nuestro tiempo para perseguir un objeto que se nos revelará completamente banal, estúpido y absurdo? ¿Tendremos que buscar otro conejo para perseguir? Franz Kafka decía: "Te has ataviado de manera ridícula para este mundo", y Samuel Beckett hablaba de una "extraña obligación" en ese seguir adelante.
Me siento cansado.

Joselu dijo...

Te leo con lupa y espero tus despistes. Supones que los indignados de Sol y de Times Square aspiran a residir en la planta que queramos. Por supuesto, la noble, el principal.

¿Estarían dispuestos los indignados de Sol y de Time Square a compartir dicha planta con los somalíes?

¿O entonces, mejor cambiar de tema?

Dices que los indignados de Sol aspiran en todo caso a estar en la planta que merezcan (??????). ¡Peligro ideológico, estás en zona caliente! La planta que merezcan y el que no se apreste al esfuerzo que resida en los bajos…

¿Te das cuenta de las implicaciones de esta última reflexión?

¿Adónde iré yo?

Fran Granados dijo...

No sé dónde vamos, y tampoco sé si la ideología que aquí se esconde es reprobable. No sé todas esas cosas. Son las formas de explicarse las que valen y las palabras tienen su sótano también. No pienso como Joselu, que aquí el autor haya ido por un camino indebido. En todo caso, viva la controversia. En esa controversia, vivimos. Un saludio

Juan Fernando Huertas dijo...

Clavado, a pesar de las opiniones contrarias. Todos no somos iguales, a apesar de las opiniones contrarias. Hay quien cree que se lo merece todo y no pone nada de su parte. Quien hace y ve quue lo que hace no vale. Los indignados, es cierto, hay que cambiarles el nombre, son buena gente, la mejor, yo soy un indignado de casa, sin salir, quizá, pero opino como usted en eso de que hay que pedir, pero con la idea de que aquí colaboramos todos, no solo manifestánxdonos...

Emilio Calvo de Mora dijo...

Olga:
Hay algo de desconcierto en esta limpia y hermosa marea de personas pidiendo lo que es legítimo pedir. Se pierden a veces en la masa, es que estoy con Canetti estos días, los ideales y se transfiguran en otra cosa. No siempre a gusto de todos esa cosa, en fin... Gracias, Olga.

Arusia, es la primera vez que te leo por aquí y te aqradezco el halago. Leer es lo que importa, un abrazo.

Conozco bien esa forma de pensar, Paco. La conozco, la siento a diario. No saber hacia dónde se va, incluso no saberlo a sabiendas de que no podemos ir hacia otro lado.

Joselu, leer con lupa y buscar los despistes explica mucho de cómo es un lector. Ese tipo de lector es el lector que todo el que escribe anda buscando. Ese es un comienzo bueno. Hay que ser un descreído, uno que busca una mancha siempre, un hueco, un agujero en la trama. Eso es bueno. En lo demás, en la parte de los indignados que te indigna, ya te he contado en correo y en tu página lo que pienso. No me desmiento, no deshago lo escrito. Sólo matizo: se explica lo que digo en un nivel meramente simbólico. Esfuerzo: ése es el norte al que dirijo mis palabras. No negaremos que esta sociedad, su porvenir, pertenece a los que se esfuerzan. Y los indignados, esforzados ellos, irán a las dependencias que quieran, nobles o no, en base a lo que anhelen. No sé explicarlo de otra forma. Quizá no la haya y siga errando. Un abrazo, amigo.

No sé si reprobable, Fran. En todo caso, mío. Viva la controversia, claro.

Jarbo dijo...

Me encanta este tono de las cosas, este ataca, defiende, opone, resiste, ayuda, embiste.
Se huele la sangre, pero al final todos tan amigos, jeje

Elfrit dijo...

"Los indignados son ocupas con coartada" Muy bueno. Te faltó escribirlo con "K".. Okupa.
Tienen cosas excelentes, pero les pierde el hippismo a veces.

Ramón Besonías dijo...

Cuando los jóvenes no se movían, echábamos pestes a causa de su indolente pasividad. Ahora que se mueven -con credo contingente y agujereado de contradicciones, pero credo a fin de cuentas- les clavamos en la cruz. ¡Tan viejos estamos! ¡Tan avisados de las puñalás que da la vida!

Dejemos que cacareen, y ójala su grito produzca nuevas ideas, debates de barra libre, disensión más allá de la plaza.

Se nota que pertenecemos a otra generación, los analógicos hijos del 68, entre Mafalda y Snoppy, entre los nobles ideales y el cínico escepticismo.

Pedrodel dijo...

Utopía. Bienvenida sea la utopía. Para refrescar el ambiente o, como dice Ramón, para una buena charla en la barra de un bar.
Pero tendrían que haber dado el paso definitivo, haberse asomado a la confirmación de las urnas, al exámen del pueblo.
¿Lo han intentado? Realmente no lo sé. Desconozco si en algún momento han decidido dar el paso definitivo para intentar cambiar el mundo.
Creo que ahora corren el peligro de ver contaminados sus ideales con grupos que, ocurra lo que ocurra, siempre estarán en contra de todo.
Fuera de la maquinaria del poder, se les va a oir, pero va a ser difícil cambiar el mundo.
Un abrazo Emilio.

Juan Herrezuelo dijo...

Con una Navidad amenazando anticiclónica y turbulenta, qué bien traído está lo del fantasma de las elecciones futuras y el de las elecciones pasadas. Al fin y al cabo, paparruchas, como decía aquel tipo de Dickens que es ahora modelo a seguir por tantos contratantes.

Emilio Calvo de Mora dijo...

No llega nunca la sangre al río, Jarbo. Al menos aquí. Somos genta civlizada y razonable en sus pasiones.

Están descabezados, Elfrit. Eso les hace perder un poco, y también ganar un poco. Sin cabeza, sin un líder, avanzan con más voluntad de llegar sin la presencia ominosa de un jefe que les azuze. Tengo algo contra los líderes que se me está notando, pero alguien guía siempre. De forma histórica, digo. Lo de la "k" es muy sencillo, ya sabes.


Claro que creen, Ramón. Su credo no es de este mundo. Lo dicen a diario. No es un credo metafísico al decir que no es de este mundo. Es un credo que no se comprende desde el ahora de quienes escuchen y se sienten, ay, viejos. Las puñalás de la vida son el guión de algunos.

Bendita utopía, amigo Pedro de todas las mañanas. Refresque o no el ambiente, debe existir. Aunque no haga nada. Aunque no se mueva y lo mire todo desde la distancia. Esos pasos definitivos que no se han dado todavía... Supongo que estarán maquinándolos. Están cuidando de que no se les afee la propuesta, de que no se contamine, como bien dices. Es que es fácil perderse en el camino. Los que, a pesar de todo, están en contra de todo no son tampoco el grueso de éstos que se manifiestan. En fin. Estamos en la batalla, sin estarlo.

Un abrazo...

Emilio Calvo de Mora dijo...
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Emilio Calvo de Mora dijo...

El frío, que no llega, Juan. Debe llegar. A ver con el frío cómo rigen las cabezas. Las que se indignan y las que no ven indignación. Dickens, a poco que mires, está en todos lados. Qué pena que no esté Julio Verne. Eso es otro asunto. Un abrazo, amigo Juan...
Siempre me alegra verte por aquí.