14.6.11

Borges/25




Lo extraordinario de Borges es el primoroso manejo del español, la deliberada y muy calibrada supresion de las adiciones pintorescas. No hay en toda la obra de Borges una línea superflua, un exceso que conduzca a otro destino que no sea la rendición de una trama. Quizá ese amor por la precisión le libró de la molestia de urdir novelas. En los cuentos y en la poética tejió y destejió la historia universal de unas cuantas metáforas. Bien leído, hurgando en los adentros, se advierte que la literatura de Borges aloja en realidad un inventario de símbolos muy escaso. Escribir una y otra vez la misma línea, solía escribir o decir en sus conferencias. Aceptar que son esas escasas referencias las que gobiernan el cosmos. En cierto modo, Borges fue un demiurgo exigente. Y el Creador precisa de un barro que le sea fiel y al que pueda confiar la dimensión de su reino. Es ahí cuando advertimos el magisterio de este tahúr de las palabras. Tal vez no importa otra cosa. Ni los espejos ni los tigres. Ni los sueños ni el hierro de la espada en la que perdura el héroe y su antagonista. Importa la gesta primordial de la semilla, el esplendor sin adjetivos del linaje y de la vana fama que se gana y se pierde en un lance del duelo. 
De Borges queda el ruido de la metafísica, los acertijos que la inteligencia adorna de juegos para que el lector se embosque en cosmogonias y en teologías. Queda el hombre que se propone la tarea de dibujar el mundo y a lo largo de los años va poblando (viene a decir más o menos esto, lo traigo con mala memoria) con imágenes hasta que poco antes de morir descubre, fascinado, un laberinto de líneas que trazan su cara. Quienes afronten hoy aventurarse en los libros de Borges encontrarán obstáculos felices, simas en donde caer es un gozo y de donde sale uno alado, bendecido por la magia de un poeta o de un cuentista o de un testarudo y extraño (se leen las biografías y se concluye que Borges era por necesidad un tipo testarudo y un poco extraño) que se dedicó a pulir el español y a rendir a la posteridad (palabra muy suya y a la que le rendía indisimulado afecto) declinaciones misteriosas de ese lenguaje recién adquirido. A veces (permítanme que sea en esta efemérides un sentimental) leo a Borges como si no hubiese leído nada antes. Parece que todo fuese inmarcesible y nuevo y procurara placeres que son también nuevos y nos hacen sentirnos felices. Quizá (ya concluyo) extraigamos que la literatura, la de Borges o la de cualquiera que al buen lector le parezca digna de manifestarse pura y novedosa, es un refugio y es también un instrumento para descerrajar lo que se exhibe cerrado. Como un himen dulcemente retirado que ofreciera un aleph, un sentirse dios sin haber alumbrado criatura. Y habrá quien se esmere más y sepa más y tenga más razones que exponer y lo haga con mayor hondura, pero no creo que nadie se sienta, al escribir, al contar estas cosas sencillas del corazón, agradecimiento más grande.

14 comentarios:

Miguel Cobo dijo...

En "Fervor de Buenos Aires", escribió estos versos que no me resisto a reproducir, porque dan ganas de plagiarlos si vives en Córdoba.
Un patio

Con la tarde
se cansaron los dos o tres colores del patio.
Esta noche, la luna, el claro círculo,
no domina su espacio.
Patio, cielo encauzado.
El patio es el declive
por el cual se derrama el cielo en la casa.
Serena,
la eternidad espera en la encrucijada de estrellas.
Grato es vivir en la amistad oscura
de un zaguán, de una parra y de un aljibe.

Anónimo dijo...

Preciosa la memoria de Miguel, al pensar en Córdoba sobre el poema de Borges.
Intenso y sentido, por amado, tu texto sobre el maestro, Emilio.
Felicidades a los dos. Hoy toca eso. Buen día.

Ana

Anónimo dijo...

Hace muchos años me hicieron leer La casa de Asterión. Ese hecho aislado, de obligación escolar, me hizo decantarme luego por las letras clásicas ya en la universidad. Ese fue mi Borges. Un saludo.

Isabel María Vázquez Méndez

REFO dijo...

Qué decir leyendo estas palabras.

Mis respetos, amigo Emilio.

Arrowni dijo...

La insistencia y redundancia de Borges siempre fue voluntaria, sabemos que se trata de un tipo que -acertadamente en mi opinión-, consideraba lo que se lee encima de lo que se escribe. No importa pues tanto que se escriba lo mismo si uno sabe leer, si uno es como el río cuando uno avanza en su cauce.

Alberto Arroyo dijo...

He llorado de emoción. Borges.

Ramón Besonías dijo...

Tengo dos Borges en mi memoria. Uno, escritor y lector voraces, libliófago sin redención, escritor amante no solo de las historias, amante ardiente de la palabra, de los significantes. Borges amaba los signos lingüísticos, la combinatoria mística que cincela la literatura para goce del que le descubre. Y tengo la intuición de que de ese goce por la palabra como sustancia física y espiritual, él buscaba su disfrute personal. Me lo imagino riendo mientras leía o ecribía. La palabra para Borges es lúdica, un juego gozoso, y si no lo es, en nada merece nuestro tiempo.

El otro Borges que tengo en mi memoria es el mediático, el de las entrevistas y las tomas caseras. Ese Borges embobado en su literatura, ausente, como un místico zombi, al que nada interesa lo que le rodea más allá de su universo de ficción. El Borges físico para mí fue siempre un holograma taciturno, un espectro andante. Aún dudo que haya existido realmente un hombre tras la literatura que creó.

Anónimo dijo...

Ramón dixit.
Le creo y le apoyo. Su comentario, piensen que es mío.
Qué gozo de comentarios, qué blog más borgiano.

a

Juan Herrezuelo dijo...

Magnífico retrato. Escribió Borges que "la obra que perdura es siempre capaz de una infinita y plástica ambigüedad; es todo para todos, como el Apóstol; es un espejo que declara los rasgos del lector y es también un mapa del mundo". Vale para definir su literatura, que es aleph, senderos que se bifurcan, laberintos, inmortalidad y espejo de tinta. Y eso que, como oí en una ocasión, sólo tiene dos obras realmente memorables: Poesía completa y Prosa completa.
Un saludo babilónico.

Anónimo dijo...

Flap

Ana Isabel Luque dijo...
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Ana Isabel Luque dijo...

No conozco a Borges. He leído, por iniciativa de un buen amigo, el poema del ajedrez y acabo de leer La casa de Asterión. Ya está el bagaje borgiano, pero he salido robustecida. Encantada del descubrimiento. Me da vergüenza, a mi edad, que ya son algunos años, no haber leído nada de Borges, pero hay tanto que necesito leer y son tan pocos los días que tenemos... En fin, me justifico yo sola, Emilio, y te doy las gracias por la invitación a la lectura y te felicito por escribir como escribes. Envidia cochina, envidia cochina, envidia cochina.

Vengo de la barra libre, qué lujo...

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Agradezco siempre los comentarios. En cada post, y ya van dos mil y algo. Pero en éste, en mi Borges, la cosa me afecta más.
Gracias, de verdad.
Como si fuese el primer post del blog y estuviese asombrado de que once personas (once, creo) hubiesen caído en la cuenta de que existo y de que escribo sobre Borges.

Anónimo dijo...

Rafael Álvarez Madariaga:
yo no lo hago anónimo y reviso y repaso y repito el flap.

Un borgiano más.