20.4.10

El cementerio marino



Leí El cementerio marino en español, en unas vacaciones en Fuengirola, a pie de playa, emboscado en una sombrilla Schweppes, a salvo del rigor de la canícula, bien pertrechado de latas de cerveza y camuflado bajo unas generosas gafas de sol y una gorra de visera. La leí en español a pesar de saber que estaba perdiéndome mucho de lo que Valéry había consignado en sus versos. Recuerdo una profesora universitaria que exhibía su manejo en el francés recitándolos fuera de contexto. Anoche, veinte años más tarde, volví a leerlo completo. No me asombró lo que entonces. Me sentí cautivo de aquel verano en Fuengirola, pensé en el mar, en la posibilidad de que la cercanía del mar condujera mi lectura al modo en que ciertos olores guían nuestro paso por una calle o cómo algunas palabras resucitan recuerdos y sentimos, en ese instante preciso, sensanciones alojadas en el remoto limbo del olvido, allá donde abandonamos fotografías de nuestra vida a la espera de que algo, qué sé yo, un verso, una melodía, una caricia, las reviva y las haga cercanas e íntimas. Leí a Valéry tan mal, a juicio de algún pureta de esto de las poéticas, que ahora no encuentro el atrezzo preciso. La playa está bien para leer a Dan Brown, me dice K. Para leer prensa deportiva. Para hacer sudokus, crucigramas, esas retorcidas formas de combatir el tedio. Este verano pienso echar a la maleta a Valéry. Lo leeré como entonces. Transformado. Convertido en un turista de mí mismo. Mirándome desde lejos. Comprobando que ese yo rudimentario y eventual es tal vez el yo verdadero y éste de aquí, rutinario y formal, responsable y duradero, es impostado, es una convención que simplemente se maneja por los días y se refugia en el sueño por las noches.

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10 comentarios:

Anónimo dijo...

sOMOS SIEMPRE OTRO Y NO ALCANZAMOS A SABER SER NOSOTROS MISMOS. ES LA ETERNA PREGUNTA. QUIENES SOMOS. CUAL DE TODOS LOS YOS QUE P0NEMOS EN FUNCIONAMIENTO A LO LARGO DE LA VIDA ES EL YO VERDADERO. A TI TE LO ENSEÑA VALERY Y A MI ME LO ENSEÑA MI DIA A DIA CON TODAS LAS MASCARAS QUE INTERPONEMOS CONTRA LA REALIDAD. MUY CONTENTO CON HABER DESCUBIERTO ESTE BLOG. LO COMENTO.

BRANDEBEILLE

Anónimo dijo...

Yo leo en donde pillo. No hay mejor experiencia que leer en el metro un tocho de Derecho Penal. Eso sí que es una experiencia. Lo malo es que no puede estudiar en otro sitio. Entonces me parece que me puedo ir despidiendo de sacar los cursos.

Silvia Castellote

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

El Otro es el que nos fascina. Nos aterra y nos conmueve, nos conduce a querer emularlo y a odiarlo, Brandebeille. Somos ese otro al que aspiramos. Interponemos máscaras contra la realidad. Me ha encantado esa frase.

Yo no he frecuentado metros, pero sí trenes y autobuses, que viene a ser lo mismo y también he estudiado. No Derecho Penal, pero asuntos de parecido tedio. Se puede estudiar casi en cualquier sitio. A mí me encantaban los bares. A mayor ruido, mayor capacidad de concentración, Silvia. A propósito, eres una señora abogada ya ?

Anónimo dijo...

Eres tú cada vez en todas las veces asi que no hay varios sino uno mismo, oficiando distintos argumentos, en un sitio, en otro sitio, según vaya terciando. Lees lo mismo y eres el mismo. El marco no afecta. Se mete el libro en quien lo lee y desaparece el marco.

Luis Fernando

Anónimo dijo...

Mis hazañas lectoras se quedan en Manuel Lafuente Estefanía en un pabellón militar por ser la única "literatura" a mano. La encontré en un armario de un sargento "mamporrero" sacado casi de esas novelitas deleznables. Ni había biblioteca en el cuartel ni pueblo cerca en donde encontrar libros. Estuve un mes sin salir, acuertelado como un preso, y me metí un montón de historias del oeste. Lo recuerdo con cariño y, ¿sabes una cosa? no era literatura tan mala. Ni mucho menos. Un saludo.


Francisco José Villar Sánchez

Anónimo dijo...

A mi desgracia, tengo poco tiempo para leer, aunque algo leo, no creas. Cuando leo de verdad a mis anchas es en un sillón de orejas en el salón, junto a la chimenea, da igual que sea invierno o verano... Fuera de ahí... como que me cuesta hallarme. Serán manías de viejo, pero esas tenemos. No me siento bien, para leer, en ningún otro lugar.
Saludos.
Ismael Merchant

Anónimo dijo...

Se me hace que se aburren ustedes y platican sin prisa sobre frivolidades.

J. M. C.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Uno es lo que lee, lo que mira, lo que sueña, es lo que proyecta, es cierto. Gracias, Luis Fernando.

Leí a MLE en la mili, curiosamente. Un par de novelitas. En un patio de armas. A la sombra de un árbol imponente. Lo recuerdo con cariño. No he vuelto a reincidir. Te entiendo, Fco. José.-

Viejo o no, todos tenemos manías. Yo soy incapaz de leer ciertas revistas si no es en la cama, de noche, a la vera del flexo. Incluso algunas novelas. Me encanta leer literatura de terror de noche. Leo a Lovecraft de día, a la luz del sol, y me cuesta hallarlo, aunque lo encuentro.

Platicamos de nuestros asuntos, frívolamente incluso, JCM. Es un gustazo.

Laredobrother dijo...

Me quito el sombrero, me lo vuelvo a poner y me lo quito otra vez y asi toda la tarde. Delicioso texto.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Gracias, Laredobrother. Leer es lo que importa. Ser leído, que dice mi amigo K. Eso, sobre todo.