El árbol ya no era el árbol bajo el que se besaron hacía cincuenta años esa misma noche, pero permanecía erguido, el viento movía impertinentemente las hojas y había un corazón raspado en el tronco en el que no estaban sus iniciales.
Fotografía de Marina Sogo No saber qué hacer cuando no se escribe. No tener lenitivo, emoliente, bálsamo, delicado placebo que reemplace l...
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