16.8.19

Ciudades dignas




Tal vez no debamos tocar nada, dejar que el rigor del tiempo maniobre a su antojadizo capricho y estrague la limpieza de la madera y arruine la pulcritud de la piedra. Nada que enturbie la presencia de una puerta o una ventana en una calle. Ni siquiera un edificio entero, más ofrecido, diría uno que vivo, como si respirara y se doliese o se conmoviera o festejara su existencia, tampoco sabremos cómo. Se trata de preservar la dignidad, no creo que haya más. Hay algunas que tienen esa dignidad muy a pesar del aspecto que ofrecen. Es más: ganan en ella cuando exhiben el tráfago de los años. Se las mira con respeto. Cuanto mayor es su deterioro, más se cree en su nobleza y en la bondad de su oficio. Igual que las personas.

No hay comentarios:

El cielo en Lucena hace once años

  La tomó mi hijo hace once años. No sabemos el porqué de hacer fotos al cielo, ese registrar las nubes, guardarlas en un lugar al que acudi...