28.6.18

Las cosas sencillas / Palabras para los amigos

Encuentro consuelo en cosas sencillas, en lo que en apariencia no tiene esa facultad, la de dar abrigo o refugio. Las otras, las cosas complicadas, no sirven. Es en lo frágil, en lo que ni instrumento parece, donde está la luz, ahí es donde todo adquiere sentido y se ensambla lo fragmentado, todo lo que se exhibe deshilvanadamente, sin gobierno que lo ajuste, completamente ajeno a cualquier disciplina o concierto. La felicidad reside en la habilidad que se tenga para juntar esas piezas separadas. Porque tienden a separarse. Partimos de esa certeza inconmovible. Que andamos a diario juntando pedazos, los acarreamos con paciencia y los ensamblamos en la cabeza. No conciliamos el sueño cuando alguno ha quedado desmadejado. Las veces en que nos despertamos de noche y nos desvelamos es porque una pieza, una pequeña o de tamaño considerable, viene a ser lo mismo, no está ajustada a las otras. Hoy encajaré algunas de las mías cuando en la sobremesa, calculo que andará por ahí, lea unas palabras que he escrito a dos amigos que se jubilan. Es de ellos más que de nadie el día de hoy. Se han merecido que esa propiedad sea enteramente suya. Espero que la lectura esté fonéticamente bien armada y no falte ni sobre palabra o frase alguna. Cuando acabe, tendré todas las piezas abrazadas unas a otras. Espero que dure el abrazo, espero que tarden en desarmarse y campar a sus anchas. Suelen hacerlo. Les da por amotinarse, suelen contrariar mi opinión y hacer lo que les place. De ahí que me esmere tanto en volver a juntarlas. Lo de luego será sencillo. Ya hemos dicho que lo mejor son las cosas sencillas.

2 comentarios:

Alex dijo...

Es el tiempo (su ausencia) el que miniminiza lo que fui y reconstruye sobre sus ruinas. No pasa un día sin que me proponga reubicar los puentes obsoletos o averiados. Sin embargo, al día siguiente, el propósito es el mismo sin que haya movido uno de mis cansados dedos para solucinar lo que no debe estar atorado.

Te tengo en mi mente cada día, Emilio. Créelo pues es cierto. A ti y a media docena de personas a las que debo atenciones y calor. El verano cuando eres padre de niños pequeños, lo sabes bien, es la ausencia de tiempo cuando para la mayoría supone esparcimiento. Debemos solucinar el vacio del silencio cuanto antes, Emilio. Te propondré fechas para charla necesaria. Será en menos de quince días, si te es posible. Y hablaremos de "Leche", el libro de Perezagua que ha removido mis entrañas. Le leí hace días, durante un viaje. Es un libro que comentar y Perezagua es una persona a la que honrar con nuestra voz.

Un beso y un abrazo, hermano del sur.

Micheal Benson dijo...
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