20.4.16

Un no saber, un no querer ahondar




En realidad uno se escuda en la ignorancia. Le sirve de coartada intelectual o incluso moral. No saber de algo no es malo en sí mismo. Se prescinde de esa voluntad enciclopedista -un poco erudita, un poco pedante- de la misma manera en que renunciamos a otros asuntos que quizá sean más relevantes o hagan de nuestra vida algo más llevadero, de más fácil manejo. Anoche, escuchando uno de esos podcasts de actualidad cultural, caí en la cuenta de que no tengo mucha idea de muchas cosas y alguna, no la que desearía, de otras. En lo que me siento un absoluto ignorante es en el nuevo arte, el que inunda las galerías o hace que un cuadro blanco (del que hablaron y que yo he buscado en la red) o tres o cien, ocupando una pared blanca también, mueva legiones de adeptos, gente sensible, cómo no habrían de serlo, gente que se planta frente a la obra y la escrutan de un modo que yo no sabría jamás hacer. Quizá han sido instruidos, están al tanto de las nuevas tendencias. Son las tendencias lo importante. Yo creo que todo está pensado no para ser mirado, estrictamente hablando, sino para ser después comentado. Hecho para que los gourmets, no pueden ser otra cosa, se enreden y tomen copas y citen el ascendente y la madre que llevó tortilla de patatas en un tupper al joven artista, recién descubierto, confiado en que todos asientan y no vean el vacío que acaba de visibilizar. Por fin, ganas tenía, ya he usado el verbo, y no soy de Podemos. Es cosa de visibilizar. Como no tengo argumentos, convendrá que no me exceda. No se habla de lo que no se sabe. Esta voluntad mía no es hostil, no podría serlo: me encantaría que alguien con la suficiente preparación (y sensible y amable también) me pusiera en la senda, me dijera qué hay ahí, dónde está lo que yo no advierto, si el vacío representado es de verdad hermoso o no lo es en absoluto y este arte al que yo no alcanzo no retrata ninguna belleza o no se compromete con los cánones o con las tradiciones y va por libre. Es una libertad que me cuesta entender. El próximo post que cuelgue en este blog mío estará en blanco. Ni título tendrá. Seguro que recibe más visitas que éste. Igual es mejor no saber, no querer saber. No se puede estar en todos lados. 

4 comentarios:

Anónimo dijo...

He visto cosas absurdas que no tienen pies, ni cabeza, ni corazón. Los artistas nuevos buscan justamente lo que dices... Parece que no tuvieran ganas de crear sino de provocar. Y no es lo mismo ni mucho menos....
Una vez vi una INSTALACIÓN en el Reina Sofía. Era un suelo blanco sobre el que había unos cafeteras antiguas. No me pueden tomar el pelo porque soy calvo desde hace muchos años, pero por tonto sí me tomaron, vaya que si

gracias por escribir, Emilio

Juan Tello Vergara

Anónimo dijo...

Perdón por la expresión, pero esto no es sólo tomar el pelo, es tomarnos como gilipollas a los que sí tenemos amor al arte y a la belleza. Un timo considerable.

Paco Pepe Porras

José Luis Martínez Clares dijo...

Te suscribo... pero yo no puedo explicarlo así de bien. Tendría que reducir mi discurso a una palabra malsonante, injusta seguramente. Un abrazo

Joselu dijo...

Todo es opinable.

Acabo de leer una magna biografía de Rainer María Rilke un poeta profundamente antimoderno y antirracionalista que desdeñó el arte que vino tras el simbolismo y que fue representado por las vanguardias que rompieron los cánones del arte hasta entonces. Y ahí viene la madre del cordero que se llamó Marcel Duchamp. Supongo que conoces la historias de su "Fontana" que era un urinario de la marca Mutt, como decir Roca por aquí. Convirtió un objeto cotidiano en obra de arte mediante la reflexión artística que puso detrás de él. Piero Manzoni enlató mierda suya (eso dijo) en latas y ahora están en numerosos museos como obra de arte valiosa y cotizada. Es el problema de añadir el elemento conceptual a la obra. Un cuadro en blanco puede ser una reflexión sobre el arte en sí mismo, sobre el contemplador del mismo, sobre la institución museística, sobre la existencia. Pero eso está fuera de la obra en sí.

Volviendo a Rilke y su visión antirracionalista, hay que decir que fue profundamente elitista, aristocrática. De hecho se pasó toda su vida mantenido por la aristocracia centroeuropea, italiana, francesa. La dimensión clásica del arte es aristocrática. Las nuevas concepciones que criiticas son democratizadoras y de masas. ¿Por qué no alguien puede crear una obra en blanco y decir que es una experiencia conceptual? ¿Por qué tiene que ser buen pintor? ¿Acaso el arte solo es para élites con maestría como en el Renacimiento?

Vivimos una sociedad horizontal. Todo es arte si lo consideras de la manera adecuada. Acabo de ver en un bar mientras esperaba la ración de comida china, una pelea en un programa del corazón. Era algo ominoso o apasionante, según lo miraras. El chino del mostrado ha cambiado de canal y lo he sentido. Era increíble, como lo son las sopas Campbell.

En definitiva, desdeñar el cuadro en blanco es ser aristocrático. ¿Lo eres? ¿O admites que todos somos artistas y podemos mostrarlo?