22.10.13

Tea Party

                                                         Laurie Lipton

Tengo fe en eso de que la bondad acabará triunfando algún día. Digo la bondad absoluta, una especie de estado idílico de las cosas en el que no sea posible ninguna adversidad, en donde ningún placer acarree una fractura más tarde, sobre la que podamos abandonarnos sin que nada externo malogre ese confort moral o estético o espiritual. Esa fe mía no la ablanda la realidad. Está sustentada firmemente en mis creencias más nobles. Supongo que las tengo, aunque hay ocasiones en que flaquean, mostrando lo que no me gusta, la parte débil, el lado oscuro, la zona siniestra. Ojalá no sea yo un caso extraordinario y existan otros que tengan fe en la bondad, en su triunfo, pero de poco valdrá si no la vocean con más ahínco que yo, si no la airean más públicamente. Hacen falta gestos inútiles para que el mundo prospere. De ahi que podamos confiar en la poesía para que todo no se vaya a la mierda demasiado pronto. Así que hay que reformar el deseo que abre el post: tengo fe en eso de que la poesía acabará triunfando algún día. Digo la poesía absoluta, una especie de estado idílico de las palabras en el que no sea posible ninguna adversidad. A poco que lo pienso, en cuanto caigo en la cuenta de que no todo está perdido, me entra una alegría sencilla, como de juego recién comenzado cuando los juegos son lo único verdaderamente importante en la vida. En el momento en que dejamos de jugar es cuando asoma la muerte. Pensamos en el final del juego, en la conclusión del placer que proporciona. 

En el dibujo de Laurie Lipton hay una evidencia incontestable de que es la muerte la que sirve el té. Lo sirve con protocolo victoriano, invitando a pensar en si estamos muertos realmente y el latido del corazón y los bostezos se obstinan en contradecir lo que sospechamos: que no hay vida dentro o la hay a pedazos, sin definirse del todo, sin tomar partido. Todas estas señoras tan perdidas no difieren, miradas en detalle, con otras a las que las costuras y la tez les confieren una cierta pulsión de vida. Hoy me pregunto si no habrá triunfado la muerte mientras todo aparenta vida. Si la hay cuando la justicia abre las puertas a quien estaba encerrado por haber matado a los tuyos. Si la hay cuando los pobres marean el fondo de los contenedores en la esperanza de que algo todavía esté a salvo del hedor de lo muerto. Si los padres matan a sus hijos. Si los enfermos mueren en las listas de espera. Si los gobiernos han abandonado toda la fe en la bondad del pueblo y lo machacan como si fuese el enemigo. Si ya no jugamos nunca.  Ya saben. El Tea Party. La muerte, una de todas las muertes posibles, sirviendo el té.

posdata: gracias, María Fernanda, por regalarme el título.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Este gesto inútil que has escrito es precioso. Triste también y precioso.


Ana Mohedano

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

Los gestos inútiles tienen su cancha, Ana. Los útiles deberían tener también espacio. Y no los hay. Viva la inutilidad. GRacias por venir.