23.8.12

John Ford, John Ford y John Ford


La mayor parte del agua que John Huston bebió en su vida estaba destilada y se llamaba Canadian Club, Johnnie Walker o Jim Beam. No extraña que los genios de la publicidad le reclamaran para que aportase su cara de crápula guasón en campañas de esas marcas. Supongo que de haber estado vivo su buen amigo Humphrey Bogart habrían hecho una pareja imbatible en el peligroso oficio de amontonar botellas vacías de whisky bueno. A falta de Bogey, bueno es Hopper, debió pensar Huston. De Ford ignoro si tuvo un pasado borrachín. Debió haber entendido como pocos la ceremonia de las tabernas, el rito de abrir una botella y llenar unos buenos vasos. Sus westerns están rociados de whisky y de balas, de amor por la vida y sobre todo de pasión por la épica. Ya no épica o la hay de un modo que detestarían estos tres nobles difuntos.

El corazón irlandés de Ford (el decimotercer hijo de una pareja de emigrantes) debió mandar a paseo a la excéntrica visita, pero en lugar de eso los metió en su cama y permitió que Victor Skrebneski, el fotógrafo con el que venían de realizar los anuncios para Jim Beam, fijara ese instante imprescindible en la memorabilia de todo buen cinéfilo. Cuenta Dennis Hopper que John Huston le dijo al maestro que tenían el permiso de su esposa para que pudiera levantarse y hacerse una fotografía en una mecedora cercana. Ford, achispado por el olor del whisky, les dijo que carecían de sentido del drama. Que si lo tuvieran se harían la foto en la cama. 

John Ford ya no salió de esa casa, en Palm Spring. Murió dos años más tarde. No tengo ni idea dónde están enterrados los improvisados amigos del whisky que le visitaron ese día, pero sí sé dónde está John Ford ahora mismo. Está en Monument Valley. En ese territorio mítico filmó La diligencia, Fort Apache, La legión invencible y, sobre todo, Centauros del desierto. John Wayne, al que hizo irlandés en El hombre tranquilo, también debe estar allí, entre los monolitos de piedra roja (mittens), en la verdadera tierra prometida.

posdata uno: Tengo en casa una botella sin abrir de Jack Daniel's. En cuanto dé con ella, la sustituyo por una de Jim Beam y brindo por estos tres personajes. Si tienen una a mano ahora y no es mala hora para echarse un dedo en un vaso, brinden ustedes.

posdata dos: Lo de John Ford, John Ford y John Ford fue lo que dijo Orson Welles cuando le preguntaron qué directores clásicos le habían marcado. Acababa de filmar Ciudadano Kane.

Set de anuncios de Jim Beam...





7 comentarios:

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Vaya trío. Y muy bueno eso del agua destilada...

Francisco Machuca dijo...

Joder,pero qué artículo más bueno,mi querido amigo.Ford,Huston,alcohol,Hopper,el Monument Valley,¡por díos!Da ganas de dejar la Coca-Cola,lo digo porque hace mucho calor y aquí estoy en casa dándole a esta bebida con unos cubitos de hielo,pero ahora me sabe a agua con azúcar,¡joer!Admiro a los grandes bebedores,sí señor,a los grandes.Ahora somos unos piltrafillas del no humo,del no alcohol.¡Bukowski!¡Buñuel!Peckinpah!¡Welles!y tantos otros y no nosotros del secano rancio apocalíptico e integrado.

Un fuerte abrazo.

José Luis Martínez Clares dijo...

Este artículo se ha ganado un sitio en mi memoria. Por cierto, Bogart decía que el mundo está como está porque hay gente que lleva dos copas de menos. Abrazos fordianos

Ramón Besonías Román dijo...

Mi épica se reduce a un par de cervezas. Echo en falta el bourbon, solo y con un hielo. Mis compañías son abstemias.

Ford es Dios; Huston, Cristo resucitado. Y Welles, el Espíritu Santo.

Marta García Cuesta dijo...

Vergüenza me da amar el cine y no haber visto Centauros del desierto o La diligencia. Mi marido está en continua pelea para que vea clásicos. Un debate dulce. Escribes muy bien, muy, muy bien.

Juan Aragonés dijo...

Ja, ja, qué buen rato he pasado con esta entrada Emilio. Hace un par de semanas acabé de leer "Cazador blanco, corazón negro" en el que Peter Viertel hace un excelente retrato de John Houston, camuflado como protagonista principal de la historia. Viertel, participó en la reelaboración del guión de "La Reina de África" y esta historia no deja de ser sino la narración de los avatares que sufrieron los participantes de ese peiculón a las órdenes del caprichoso y genial Houston.
Por cierto, las fotos que ilustran esta entrada (y ya sabes que eso es lo mío) no tienen precio :-)

Alex dijo...

No conocía la historia. Gozosa, excesiva como corresponde a la conjunción de Huston, Hopper y Ford. La amistad se muestra en las historias pequeñas como la que cuentas. Con un vaso de Jim Bean o una copa de Martin Miller's en la mano.