17.6.12

El bien, el mal y el hundimiento de Europa



I/ Los días en que el amor resplandece
Truffaut le contó a Hitchcock la historia de las manos de Harry Powell, el infame predicador de La noche del cazador, la única película que filmó Charles Laughton, ese actor enorme metido en un cuerpo enorme. La mano del amor es la del bien. Un amor absoluto y limpio, un bien absoluto y limpio. Una mano que acaricia y extrae de lo que toca lo hermoso y lo noble. La otra mano es la del odio, que devasta lo que toca, reduciéndolo a la indeseable nada. Las dos combaten y las dos pierden. Eso lo dejo escrito yo, no Truffaut. Pierden porque una y otra se cuentan lo que hacen y lo padecen terriblemente. El hombre es un animal magnífico, una criatura asombrosa en todos los sentidos. Incluso cuando ejerce el mal, es admirable, porque lo ejecuta de un modo creativo. No hay ninguno que mime tanto su obra, que se esmere con más oficio en lo que se siente obligado a hacer. El reverendo Powell es un hombre atroz. No sabemos nunca si esa atrocidad está destinada a perecer o a medrar. Si una parte anulará a la otra y reinará en Powell o las dos convivirán sin que se sepa cuál es la más fuerte. Puede ser que ninguna lo sea. Que vivir únicamente consista en manejar los extremos y no decaer cuando uno de ellos, el que no aceptamos, arrambla con el que consideramos más nuestro y al que le procuramos todas las atenciones de las que disponemos. Al cabo del día se ama y se odia a partes iguales. Yo al menos lo hago. Días donde el amor resplandece y estalla como una estrella de cien puntas. Días donde el odio hace casa en la cabeza y te dan ganas de ser un bárbaro, uno de esos asalvajados a los que no les mueve ni el decoro ni la piedad.

II/ Europa, la vieja Europa, la achacosa Europa
Leo que algunos terroristas de ETA andan entrevistándose con los damnificados de sus bárbaros actos. Al hijo cuyo padre mataron se le oye en televisión razonar los motivos del animal que lo dejó huérfano. Enumera (caóticamente) las veces en que el destrozador dice que no volvería a hacerlo, subrayando la culpa que siente. Lo que no hace es pronunciar una sola vez la palabra perdón. Debe ser la mano del odio que todavía se mueve y hace que la del amor no reine del todo. Siempre hay una parte de la memoria y de la conciencia que no nos pertenece, aunque esté dentro de nuestra cabeza y duerma cuando dormimos y la saquemos a la calle cuando hay que sacarla. No confío en ninguna de esas revelaciones morales que hacen de alguien un santo o un pecador. Algo de eso reflejó Bruce Springsteen en una de sus primeras canciones. Un mundo en donde la palabra pecado alarma más que la palabra delito no es un mundo que avance. Uno en donde no se fomente el perdón tampoco progresa. El nuestro es un mundo con dos manos. Una es la del bien, la que se manifiesta a través del arte y cuida de que la armonía y la dignidad entre los iguales la represente. La otra es la del mal. La de las bombas lapa y la corrupción en los parlamentos. La de los reverendos con piel de cordero que hacen el sermón de la salvación y abren el abismo del horror a cada palabra que dicen. La del recorte en cultura. La alta y la baja. Ambas salen heridas (si no de muerte, casi) en este atropello que impone el único dios posible en estos tiempos: el mercado. Tampoco sé si el mercado tiene dos manos. Una buena, una mala. Supongo que la idea de la bondad del dinero no se cuestiona. O al menos no aquí, en este vieja civilización de occidente, fuerte a pesar de todo, cargando la herencia de al menos un par de milenios de existencia.

III/ Es la economía, idiota, es la economía
He renunciado a entender los mercados. Me complace la idea de no querer saber en demasía. En todo me tengo por curioso y a todo me entrego con inquietud, con fruición a veces, pero el mercado es una sunto que me incomoda más que otra cosa. Diré como dijo otro: no hablo yo, habla mi fatiga, habla por mí la ignorancia que no he paliado. Y es eso lo que manejo a diario. La fatiga que antojo ya crónica. Se ha extendido cierta sensación de que el mercado es algo sencillo de entender que puede ser convertido en materia de entretenimiento televisivo. La televisión se ha comido el virus y lo ha hecho una criatura rentable: veo con alguna frecuencia (de refilón, zapeando, buscando) cómo algunas cadenas (alguna más que otras) están empezando a tomarle la medida a la crisis y la están deconstruyendo. Si antes ocupaba la franja alta de horario los flirteos de los famosetes, las medidas de las grandes hermanas y la naturaleza eminentemente cotilla de la especie humana, ahora está ocupándolo (no sé con qué fortuna todavía) un cierto tipo de programa que habla del desastre económico, de la prima de riesgo, del rescate y del FMI con el desparpajo con el que hace unos meses hablaban de escotes, subidones de hormonas y divorcios de la jet. Y como todo el mundo sabe de todo y en televisión no hay (que yo sepa, que yo advierta) un filtro que mida la competencia de los contertulios en los asuntos de los que hablan, pues así nos va. Enciendes la cajatonta y ves a los mismos de antes, a los de los reality,  desenvolviéndose con asombrosa fluidez en macroeconomía, en alta política financiera. Han hecho del mal algo lúdico. Quizá no sea tan descabellada la idea. El que no sabe se arrima al lenguaje de los que sí saben. El ignorante en bonos basura incorpora a su acervo léxico las palabras que le aseguran una silla entre el público. Lo que se anda buscando no es formar ciudadanos sino crear consumidores. Dice mi amigo K. que no abre un periódico, que no enciende el televisor, que ha decidido renunciar a saber cómo vamos. Va a hacer como yo en algunos partidos de fútbol que no puedo en ver en casa porque los emite un canal codificado. Abro el google y busco en la prensa la cifra que me alivie o me hunda. En la economía lo que no hay es empate. Estamos perdiendo todos. Hasta hay una cadena televisiva que se llama Intereconomía. Qué manera de llamarse uno. Qué afrenta al buen gusto todo lo que sale de ese toro hocicando impíos.

11 comentarios:

José Manuel Blasco dijo...

Quién te ha dicho a ti que no se cuestiona la bondad del dinero? El dinero, incluso el bueno, es un cáncer que nos está matando a todos. Se cuestiona todos los días, pero quién es el que le pone el cascabel al gato y quién vuelve al trueque. ¿Y no será el trueque otra forma de medirnos por lo que tenemos? Mierda de mundo, proclamo, como dice mi amado Forges.

Rafa dijo...

Coño, Emilio, me sorprende que en este buenísimo post que te has soltado hoy no metes en la barbarie de Occidente a la Santa Iglesia. Yo la habría puesto en cabeza. Te estás reformando...

Ramón Besonías Román dijo...

El reverendo Powell. ¡Qué gran cuento el de Laughton! Cenicienta, Blancanieves enmudece ante esta pequeña joya. La veo una vez más y como si fuera la primera.

Atinada metáfora de nuestra Europa decadente, esforzada por mantener a flote su tradición. Pero el reverendo es poderoso, acecha para esquilmar.

Ramón Besonías Román dijo...

El reverendo Powell. ¡Qué gran cuento el de Laughton! Cenicienta, Blancanieves enmudece ante esta pequeña joya. La veo una vez más y como si fuera la primera.

Atinada metáfora de nuestra Europa decadente, esforzada por mantener a flote su tradición. Pero el reverendo es poderoso, acecha para esquilmar.

Miguel Cobo dijo...

Paradoja de las paradojas, utilizaré las dos manos para aplaudirte. Un aplauso humano en el que ambas extremidades (ves:¡extremidades!)se baten en beneficio de la mano que mece la pluma. ¡Ah!, y guardo en el cajón de mi Riografía el poético y simbólico descenso del río de "La noche del cazador" Próximamente en esa sala.

Buen domingo, mon ami

Anónimo dijo...

Pan & Circo. Sean los tiempos que sean. Y con Eurofútbol más atontados estamos todavía.
Saludos.
Aplaudo como Miguel Cobo.


Paco Torrero

Manolo Delgado dijo...

Una de las dos manos, o ambas, mecen la cuna donde reposa nuestra ignorancia. Por más que nos duela, algún día tendremos que dejar de alimentarla y permitirle decrecer.

Pedro Díaz Bujalance dijo...

el problema de Europa no es Grecia ni es el hundimiento del euro por el despilfarro de todos...
Europa se viene abajo por desinterés...
Me gustó alguna vez esa idea romántica de un solo pueblo hacia un solo destino pero opino como Manolo Delgado...
Hace falta quizá, tal vez, no sé yo seguro, dejar que algo muera para que otra cosa mejor crezca...
Una mano mala y otra buena, me ha parecido una idea genial, aunque sea de Truffaut...
Feliz domingo griego...

José Luis Martínez Clares dijo...

La conciencia se basa en que una mano tenga noticia inmediata de lo que hace la otra. Abrazos

María José dijo...

No sé si a todo el mundo le pasa como a mí por usar un sistema opeativo antiguo o vaya usted a saber, pero no es la primera que pasa. Has cambiado la plantilla del blog y ahora me cuesta pillarla entera en la ppantalla. Espero que se soucione cporque es muy molesto. Espero no molestar por mi queja. Un abrazo.

María José dijo...

Pregunto: todo el mundo la ve bien? Tengo que hacer algo en mi configuración del ordenador? Expertos, acudan a mí, que soy una ignorante en estos temas, qué horror.