4.5.15

Semana Blur



El adiestramiento. Antes de escuchar el nuevo disco de Blur, The magic Whip, he escuchado todos los anteriores. No me ha dejado atrás ni la sesión en vivo en Hyde Park, de cuando se reunieron de nuevo en 2009. Me quería poner en situación, adquirir el bagaje sentimental nuevamente, permitir que la audición fuese lo más fluida posible. Conforme los iba engullendo, a medida de que mi memoria recuperaba los highlights de la banda, los temas perdidos, los trascendentes y los irrelevantes, me sobrevino el deseo de no escuchar el nuevo, pero no tengo palabra o no encontré un argumento del que fiarme para contrariar el instinto, que me pedía no escucharlo, volver al Parklife o al The great escape y quedarme allí a la espera de que llegue el verano. Temía que The magic whip fuese Albarn cien por cien, es decir, tribalismo, Gorillaz, incursiones en el lado oscuro del pop, pero no la épica de los primeros Blur, la astucia y la irreverencia juntamente, el poder del rock, que se acaba desestimando, que a veces no consideramos en su justo valor.

El hallazgo. Si tuviese la misma concienzuda y serena forma de hacer las cosas en otros órdenes de la vida, habría llegado más lejos o más alto, no sé. Dice K. que uno aplica lo mejor de sí en las cosas que tienen menos importancia y no con las que verdaderamente cuentan. No le contradigo. He obrado con Blur con apasionamiento, he viajado por cada canción y me he encontrado con el yo que las descubrió en el glorioso pasado, que es la estación más confortable, a decir de la poesía romántica. No quiere uno llegar lejos ni tampoco alcanzar ninguna altura desde la que ver el mundo de abajo con otra perspectiva. Aprecio la que tengo, poseo la virtud de no imponerme metas muy costosas. Por eso me pareció franqueable la de ir devorando discos de Blur. No se me ocurre leer todo Murakami cuando Murakami saca novela nueva. Quizá porque no me ha hecho disfrutar como Blur, ni he sentido el zarandeo del alma en ninguna de sus ocurrencias sobre la fragilidad del alma y el dolor de la existencia. Blur es festividad y alborozo. Los pasajes oscuros lo son de un modo que uno reconoce coyunturales: suele pasar con la música que se va de la alegría más desbocada a la tristeza más ensimismada en un misma pieza, sin que sepamos bien cómo evitar el roto o hacer que el placer perdure. Por eso los discos son tan maravillosos, por eso recurrimos a ellos cuando nos da el pánico o nos invade la melancolía. A K. le da por reponer en la estantería de su cabeza los discos primerizos de Leonard Cohen. Yo suelo buscar Shine on you crazy diamond o Kind of blue al completo. No sabría contar la de veces que ambos me salvaron de donde sea que estuviera cayendo. En cierto modo, eso es Song 2 para mí: es ponerla y borrar el gris, como si inoculases luz en la misma sombra y notases cómo se va retirando. 

El final. No hay ninguna Song 2 en The magic whip. Ninguna pieza escandaliza por mala, ninguna es insulsa, al modo en que las había en Think Tank, ninguna desentonaría en algún álbum precedente. Lo que no cuadra en esta entrega es que no deslumbre. Y bien debería. Es como una deuda que uno espera que se le pague y vas a recibirla y vas feliz porque sabes que te la van a pagar, pero no es el importe exacto, no es lo que esperabas, no lo que lo zanjaría todo y dejaría las cosas como estaban. Cosas dóciles, cosas banales. Discos a los que dedicas una atención máxima, y luego se pierden entre los otros discos, probablemente. De todas maneras he disfrutado más la sensación de escuchar un nuevo disco de Blur que el propio disco de Blur. Piezas salvables, completamente adictivas hay tres: Though I was a spaceman,(Bowie, Bowie) Ice-cream man y Ong Ong. Me voy a enchufar las tres, me voy a transportar al pasado. 

3 comentarios:

Sergio DS dijo...

Un gran disco para nada brillante. ¿Se puede ambas cosas?: se puede.

Bien por Blur en cualquier caso.

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

Un disco de Blur es siempre bien recibido. Ayer mismo tiraron en un telediario nacional de Icecream Man para contar algo sobre China. Y sonaban bien. Necesitan varias escuchas.Se darán. Buen día, compañero.

Mycroft dijo...

Detesto este disco con todas mis fuerzas y si tengo tiempo, desarrollo.