El asombro
El asombro hay que confiárselo a alguien. Ese andamiaje prodigioso de causas y azares no puede uno soportarlo solo. Es necesario un colaborador. Alguien que lo custodie mientras nos extraviamos en los nocturnos de Chopin o cuando entramos en un cuerpo y besamos el códice exacto del mundo. Esa custodia exquisita es la literatura.
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