Del cine se extrae la romántica idea de que se puede morir por amor y
hasta matar por amor. Luego la realidad malogra el romanticismo, cancela su proyecto de vida.. Pero se deja uno llevar por el
más fascinante de los vértigos: la ficción. Aceptamos crímenes
terribles, nos aferramos a la legitimidad de que podamos ser engañados,
conducidos a un territorio peligroso, pero del que podemos escapar
siempre que lo deseemos. Agracedemos que nos manipulen. Que haya quien
se arrogue ese rol perverso y se obstine en formular las ficciones en
las que no sentimos (en ocasiones) más vivos que en la propia realidad.
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La estanquera de Amarcord
Cine, cine y más cine. Esa es la máxima que debe guiarnos. Saludos
ResponderEliminar... Y LOS SUEÑOS CINE SON, DIJO EL MAESTRO AUTE.
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