Este disco es una de las razones por las que el jazz cubre absolutamente todos los géneros. El bajista israelí recorre el folclor de su tierra y cuela jazz de Nueva Orleans, notas de flamenco, vértigos del rock y hasta un colorido repunte de pop o una sencilla línea de funk. Todo bien hilvanado para que el oyente no descubra las suturas del traje, la urdimbre secreta de una música perfecta.
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