10.6.21

Un drugo


 En el Dorova Milk Bar. Pete, George y Dim, los drugos. Luego Alex. Beben leche plus con venloceta o con drencomina. A partir de ahí el vértigo. Las calles. La oscuridad absoluta. Beethoven. La ciudad sucia con el cielo encapotado. Los drugos buscan mendigos. Tienen sus palos. Los palos rítmicos. Los ondean, los hacen bailar. El aire se encoge, el aire se asusta. Alex sabe que va a terminar traicionado por sus drugos. No se ejerce el poder todo el tiempo. Al rey se le corta la cabeza en algún momento de la trama. Las cárceles están llenas de reyes decapitados. Una cabeza de rey es aleccionadora. Abran los ojos, miren lo que hemos hecho, hasta dónde estamos dispuestos a llegar. Ludovico: van a reventar a Alex. Va a flipar en neutrones. El método Ludovico, ya saben: reprimir la ultraviolencia con una terapia de aversión a la propia violencia. Como si cayese uno en un barrica enorme de cerveza y nadara en cerveza y no se le fuese el olor a cerveza, de modo que nunca volviese a pedir una y ni quisiese oírla mentar, saber que alguien bebe una. Alex va por los bosques. Recuerdo a Alex vagando por los bosques. Está aturdido. No es Alex. Ni un drugo es. Otra cosa, pero no un bebedor compulsivo de leche plus. El bosque. Una pena que cantaras Singin' in the rain, hermanito. Te han cazado. Te van a hacer que odies a Beethoven. Te saldrá Beethoven por las orejas. Estarás curado. Te hemos curado, pequeño hijo de la gran puta. No podrás volver a beneficiarte a ninguna muchacha. No tendrás drugos con los que ronronear de fenómenos. Serás nuestra imagen más convincente. Estás en la carrera otra vez, pero no vas a correr nunca más. 

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