18.5.21

La gente anciana baila viejos valses vieneses / En la muerte de Franco Battiato


 Fueron los cíngaros del desierto. Bailaban con candelabros encima. Los ángulos de la tranquilidad no siempre están al alcance. Ni en las nieblas del norte, ni en los tumultos civilizados. Los días que pasan no siempre traen paz. Ni siquiera puedes encontrar refugio en el crepúsculo. Tal vez sea al final del camino. Ahí ha llegado el gran Franco Battiato. Las almohadas de la tierra. La dimensión insondable. Las canciones egocéntricas. Un viento a treinta a grados bajo cero. La experiencia sensualísima de ver bailar flamenco. Los continentes perdidos. El animal que todos llevamos dentro. La espera al cónsul italiano en la casa antigua y noble. Hay quien se pone unas gafas de sol para tener más carisma y sintomático misterio. A veces un temporal no nos dejaba salir. La estación de los amores viene y va. En las calles era mayo y caminábamos juntos. Free jazz. Punkie inglés. Monserga africana. Over and over again. Si pienso en cómo he malgastado yo mi tiempo. Seguimos siempre en ruta en diagonal por la vía láctea. Un día por la perspectiva Nevski me encontré por azar a Igor Stravinski. Mi maestro me enseñó qué difícil es descubrir el alma dentro de las sombras. Se buscan por instinto las pistas de cometas como vanguardias de un nuevo sistema solar. Escribo a la vez que canto. Andará el gran Battiato buscando su centro de gravedad permanente. Hubo un tiempo en que mi banda sonora fueron sus canciones. Italiano y español. Español e italiano. Hoy el día ha costado un poco más desde que el móvil me contó que había muerto. Entonces sentir que una parte de mí también desaparecía con él. La parte de los años de los amores primeros. El mal de África. La hermosura de perderse en un milagro. Qué más puedo recordar. Me vienen (atropelladas) las letras. Temo perderlas. Si las pierdo será cuando haya muerto definitivamente. Over and over again...

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