9.5.21

La belleza da ganas de vivir



 La belleza da ganas de vivir. Lo leí anoche en La insoportable levedad del ser, el libro de Kundera en el que ando por mero azar. Hay tanto que leer que sorprende volver a lecturas que ya se han hecho. Sería como aplazar el placer que está por venir, el que no se conoce, el inédito, por el ya trabajado y apreciado o gozado, algunas veces. Kundera es de un escribir a veces lento. No se ve que avance una trama, no hay una literatura de contar cosas, sino de contar lo que importa en el trayecto de esas cosas. No la peripecia, el sucedido anecdótico, sino la sensación (la belleza) que ese decir implica. Leo con fruición las novelas que podrían pasar por ensayos. Se mezcla la aventura con el pensamiento. Cayó en pocas horas un buen trecho del libro. Luego me venció el sueño (suele hacer eso con increíble facilidad) y me desperté con esa frase en la cabeza. He hecho durante la mañana recados domésticos con Kundera en la cabeza. He visto su cabeza de obrero metalúrgico firme y resuelto y su pelo blanco, pero también su prestancia de actor clásico, tal vez metido en alguna obra de Shakespeare o de Ibsen. Cuando estuve en Praga, un guía lo citó. Dijo que renegó de lo checo. Hace poco recobró su amor patrio. Al final, la patria es la memoria. El único país al que de verdad pertenecemos es el de los recuerdos. A veces esos recuerdos son frases sueltos, palabras que se dicen o que se escriben. La belleza va así, a la deriva. No se sabe dónde recala, ni de dónde procede. Le damos asilo, creemos en ella. 

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