9.3.20

Galería de favoritos 110 / Max Von Sydow




A veces hay actores que empiezan con Strindberg y acaban en la saga Star Wars o en la serie Juego de Tronos. No es que el teatro sueco tenga más pedigrí que esas franquicias de la modernidad, ni mucho menos. Son otros tiempos, hay otros intereses. Se me antoja que la cosa es no parar de trabajar. No siempre vas a tener papeles de enjundia, no vas a ser Othello a tiempo completo o te dirigirán Bergman, Huston, Allen o Scorsese. Habrá que dejarse convidar por la gente nueva y apencar con guiones de medio pelo (o incluso un escaso cuarto). Hasta fue un villano en una de 007. Que hoy haya muerto no es nada que nos acongoje más de la cuenta, no se ha ido en la flor de la vida, no le quedaría mucho cine por hacer o mucha vida por vivir, pero quisiera uno que algunos actores no murieran nunca. Me pasó con Kirk Douglas y ahora me sucede con Max Von Sydow. Tengo de ellos la sensación de que han sido mi compañía fiable durante décadas. Cuando murió Douglas, me programé Los vikingos. La vi de noche, muy tarde. Me confortó como la primera vez. No sé si esta noche veré El séptimo velo o El exorcista. Ponerme un Bergman cuadra a ratos, no siempre tiene uno voluntad para entrar en esa catarsis cinematográfica. Me pasa como al propio Von Sydow: hay veces en que prefiero un cine rápido, de usar, disfrutar y olvidar. Se trata (imagino) de que nos cuenten historias y cancelar, mientras se escucha, la historia principal, la trama propia, la de la rutina de las cosas que hacemos y las que sabemos que tendremos que hacer. El cine contiene ese bálsamo. Von Sydow fue un trabajador incansable, hizo pocos ascos a películas que no habrían de darle la gloria que tuvo en otras, como Orson Welles, como De Niro, como tantos, ahora no es cosa de hacer larga la lista. Tengo la idea de que muchos directores le elegían porque llenaba la escena. Su presencia ocupaba toda la pantalla. En sus obras de la vejez se advierte esa circunstancia, la de no tener que decir mucho, ni aparecer demasiado en pantalla. Eran papeles breves, parlamentos cortos. Quienes lo contrataban estaban pagando su porte, su mirada, cierta elegancia que ya no existe. Hoy le dieron jaque mate. La partida ha terminado. Descanse en paz.

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