15.12.19

El alma


Al alma la adorna la ficción de que verdaderamente existe.
El alma es un paraíso alquilado.
Cuando el cuerpo desciende al desorden absoluto y decide morir, el alma no gime ni se expresa en altos sonetos petrarquianos.
Se difumina, se ausenta, ocupa un lugar secreto en la memoria de los que aún permanecen.
El alma no es otra cosa que un tumor benigno. El alma es cosa de poetas y de teólogos, quién sabe si los dos oficios son la misma cosa.
El alma, manumitida del corsé de los clásicos que la sublimaron, acaricia el verso y forja la épica, el espacio exacto en donde las palabras manifiestan su distorsión metafísica. Todo lo demás es interfaz.
Cuando el cuerpo se declara insolvente, el alma se convierte en un hipervínculo.
La realidad es un red tupida en la que todas las partes tienen el mismo pulso, un aliento invisible.

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