20.8.19

Una entrevista

  ¿Qué brebajes le tonifican?
Los vicios del pensamiento.
  ¿Cuáles son los vicios del pensamiento?
Los que lo predisponen al asombro y a la fascinación sana.
  ¿Para qué sirve el asombro?
Para que el corazón lata con un sentido o para ser deslumbrado por la realidad, que a veces se entenebrece.
  ¿Hacia qué se debe sentir fascinación?
Hacia la belleza y hacia la inteligencia, da igual el orden, incluso justamente ambas.
  ¿Hay algo más importante que la belleza y la inteligencia?
No, no lo hay. El amor, si me apura. El amor mueve el sol y también las estrellas. Lo dijo Dante.

  ¿Anda usted bien en el amor?
Nunca es suficiente, pero sé que amo y que soy amado. Son las certezas con las que uno se vale para levantarse cada día.
  ¿y de fe cómo anda?
Depende de qué hablemos.
  ¿Carece usted de fe?
No. Tengo fe en el asombro, en la belleza y en la inteligencia.
  ¿Y fe en la palabra de Dios?
Soy pagano en asuntos del alma. Adoro la metafísica, creo como Borges que la religión es una rama de la literatura fantástica. 
  ¿No hay más allá?
Siento que debo atender sólo a la evidencia, aunque a veces flaqueo. En lo evidente, el más allá es una metáfora, un desear quedarnos, un querer no irnos. La literatura es mi evangelio más cercano.
  ¿No siente usted que para no creer en el más allá no deja de escribir sobre ello?
Absolutamente.

  ¿Podríamos decir que siempre escribe de los mismos asuntos?
No suelo leer lo que escribo. Si lo hago, siento que no merecen ser leídos. Pienso que no me pertenecen una vez que los cierro. Escribir es un asunto más delicado de lo que parece.
  ¿Se imagina vivir sin escribir?
No podría.
  ¿Sin leer?
Tampoco.
  ¿Qué antepone?
No sabría de qué prescindir. No hay día en que no haga una cosa u otra. En todo caso, no se puede escribir sin haber leído. No hay escritor que no sea lector. No es posible la felicidad de contar a los demás sin la felicidad de que le cuenten a uno.
   ¿Tiene vicios a la hora de escribir?
No muchos. Escribo sin demasiados protocolos. No necesito ningún rito. Puede escribir en el móvil mientras espero que me atienda el charcutero. Tampoco tengo vicios en la lectura. 
   ¿Hay vida suficiente?
Nunca hay vida suficiente. Tres serían pocas, pero hay que aplicarse a que una nos colme.
  ¿No sería mejor que hubiese Derecha del Padre y se abriesen las puertas del cielo cuando uno abandona la tierra?
Depende de lo que nos aguarde en la eternidad.
  ¿Es el infierno concebible?
Si hay cielo habrá infierno
  ¿Cuál de los dos es más literario?
El mal siempre prevaleció sobre el bien. Toda la literatura es un inventario de penurias y de enfermedades. Las más del alma. Las del cuerpo son de menor apresto, pero también cuentan.
   ¿El hombre es malo?
Ha tenido que serlo, por su bien. La bondad es una debilidad, tal vez la más preciada. 
  ¿Qué pregunta ha echado en falta que le haga?
La de si soy feliz.
   ¿Lo es?
Mucho a ratos. 
  ¿No es posible ser feliz todo el tiempo?
No, ni siquiera tendría sentido. Acabaría la felicidad convertida en una rutina, despojada de matices. 
  ¿Se le puede sacar provecho al infortunio?
No hay mal que por bien no venga. Por una vez me acojo al refranero. Suele ser atinado. Es la sabiduría popular, que es sustanciosa.
  ¿Qué querría añadir para cerrar esta entrevista?
No se me ocurre. Es más difícil preguntar que responder. 


  




1 comentario:

Teresa Almendros dijo...

Formidable, formidable, formidable.