16.6.19

Galería de favoritos 101 / Jeff Buckley / Grace (1994)







Relevante, trágico, triste, solemne, maduro, jubiloso, melancólico, clásico, ácido, sensible, radiante, joven, limpio, adictivo, angustioso, metafísico, etílico, bohemio, catedralicio, poético. En las diez canciones de Grace están todas las octavas del alma humana. Como si el mismo Shakespeare mudara su piel de bardo celestial y se vistiera de rockero de los noventa, enchufara la guitarra y probara el micro mientras mira de reojo a la banda a la espera de que empiece el show. El de Buckley fue efímero: murió ahogado en un río de Memphis., el río Wolf, el río Lobo, como si fuese una película de Ford. De fondo, al parecer, sonaba Whole lotta love de Led Zeppelin. Antes de esa fuga prematura, Jeff Buckley hizo historia en la música del siglo XX con un solo y absolutamente formidable disco. Uno de esos que te acompañan toda la vida. No sé cuántos discos son así: fieles, inmarcesibles, izados al olimpo de las cosas perfectas a las que el tiempo no perturba. Un clásico debe ser justamento eso: algo ajeno al vínculo del tiempo, ligado de una forma espiritual a cualquier generación que acceda al conocimiento privado de su belleza. Grace posee esas cualidades en grado extremo: ejerce una trabazón emocional como pocos discos que yo haya escuchado logra. No hablo del mito del Buckley muerto trágicamente ni de la hipnosis del artista sacrificado prematuramente, expuesto a las frivolidades de la adoración ciega.Es la música, la música sin la historia detrás, sin saber si el que cantó murió en el Río Lobo o en el sillón de casa viendo fútbol americano.  A Buckley se le adora por este disco, se le adora por la versión del clásico de Cohen (Hallelujah) a la que impregna de un halo de ternura y de desgarro absoluto, se le adora por una voz privilegiada como pocas (Antony Hegarty, Freddie Mercury) capaz de ascender limpiamente, sin aparente fractura, la escala y proporcionar texturas inéditas. Eso es Grace. Todo eso llevo escuchando los últimos días en casa, en las calles, yendo o volviendo del trabajo. Lo descubrí por azar. Conocía la obra de Tim Buckley, padre de Jeff, tenía incluso en cinta alguno de sus discos. Leí que el hijo tenía un disco maravilloso. El azar siempre es el que ilumina las zonas oscuras. Me faltaba registrar el asombro. En el fondo escribir es un acto notarial: uno registra el asombro y lo rinde. Grace abastece de asombro hasta el desmayo acústico, permítanme el exceso verbal a estas tempranas horas de la mañana.





1 comentario:

RECOMENZAR dijo...

buen dia un placer conocerte