4.4.19

Galería de favoritos 62 / G.K. Chesterton





Aristóteles, en su poética, dejó escrito que el principio de la Filosofía es la admiración. No es cosa de contradecir o enmendar la exposición del griego, pero yo añadiría que esa admiración es la que debe estar presente en nuestra existencia, en el decurso de una vida, en el trasiego de las horas, en fin, no hay que extenderse más. De toda la literatura posible, la de aquí, la francesa, la americana del norte y la del sur, a veces pienso que la inglesa es, en peso y en trascendencia, una debilidad mía que se acrecenta con el tiempo y me predispone a mirar todo lo británico con ojos bondadosos, con esa admiración de la que hablaba Aristóteles en su poética, con gratitud también. Porque hay que ser agradecidos a los que escribieron para que uno, las más de las veces de noche, cuando todo se apacienta y no hay ruidos, ni distracciones, abra un libro y viaje en el tiempo y en la geografía y de pronto esté con el Padre Brown en una calle de Bradford, Yorkshire, que es donde G.K. Chesterton quiso hacer que anduviera, igual que Cervantes puso a su Alonso Quijano en la Mancha o García Márquez eligió Macondo (Cien años de soledad, La hojarasca, El coronel no tiene quien le escriba, que recuerde ahora)  y allí hizo de demiurgo de sus criaturas y las dejó campar a sus anchas.

Con Chesterton tiene uno lo que en clases de Filosofía (volvemos a ella, nunca acaba de irse, ni falta que hace) llamaban la duda apofántica. Creo que consistía en un discurso del que no se puede afirmar si es válido o no, si exhibe una verdad cartesiana o, caso contrario, puede refutarse sin discusión, acudiendo a la lógica más pedestre. Algunas líneas de Chesterton valen por libros enteros de otros. En eso pienso siempre en Montaigne o en Marco Aurelio o en Canett, apofánticos también, capaces de extenderse en un asunto baladí hasta alcanzar que exprese una idea trascendente, una aventura del pensamiento noble y perdurable. Porque Chesterton no sólo fue el literato que pergeñó historias de ficción (la ficción es una necesidad, la literatura, un lujo, eso dijo) sino que escribió incansablemente ensayos que no han dejado de tener actualidad, aunque fuesen escritos hace poco menos de un siglo.

1 comentario:

Micheal Benson dijo...
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