13.7.18

Fútil

Por fortuna, nacen más palabras de las que mueren. Así se expande el idioma, hay más instrumentos para explicar la realidad, pero no están las suficientes. Quizá no acabemos de entender el mundo ni a nosotros mismos por no tenerlas todas. Es en lo que no decimos en donde reside el conocimiento completo. A mí se me ocurren cosas que no sé decir. Las formulo en mi cabeza y acabo por declinarlas. No me satisface la elección. Pienso en si habría otra que más enteramente me cuadre, si convendría callar en vez de expresarme a sabiendas de que no me he esmerado lo bastante. Pero por otra parte, en ese hilo interrumpido de las palabras, todo puede dicho con mayor propiedad y diligencia, siempre puede uno rebajar la exigencia y decir sin más, decir sin escoger a fondo, no esperar que nuestra apatía privada sea percibida y se nos evidencie. Se habla adrede, se airea lo pensado, se cancela el pudor.
Hoy, en una conversación casual, en un café, escuché a alguien usar la palabra “fútil”. Pronunciada incluso con su pompa fonética, la acentuación llana bien marcada, no pude por menos que prestar prudente atención. A salvo de delatarme, en la distancia, apunté “fútil” en las notas del móvil. Se acabará perdiendo. Engrosará la lista de palabras heridas, si no ya moribundas. Quedará para ser leída, no dicha. Lo hablado es lo que antes nace o muere. Se escribe con otro ritmo. Que recuerde, no he escrito nunca “fútil” hasta hoy. Tampoco la he dicho. No sé qué vocablo habré usado en su lugar. Carecerá de importancia. Ahora, solo, despachando una caña en una terraza granaína, esperando, busco en el periódico palabras que ya no se estilan, fútiles.

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