17.5.18

Libros de emergencia

La mejor biblioteca es la de emergencia, a la que acudes con la certeza de que te confortará y te dará lo que necesitas. A veces las muy pobladas, las que tienen baldas muy altas, cobijan o consuelan menos, no sabe uno a veces a qué acudir, qué volumen escoger, tientan muchos, hasta parece que los desechados pidieran ser tenidos en cuenta, solicitar que se les abra y atienda. Un libro no es un libro hasta que el lector lo abre: es un objeto entre los objetos, como dejó escrito en uno de ellos el buen Borges. A veces necesitamos un libro al modo en que se necesita un cuerpo. De hecho hay ocasiones en las que sabes que habrá un libro que te aguarda, uno fiable al que encomendarte, en el que perderte y posiblemente encontrarte. Uno está aquí y allá, sin residencia estable. Yo mismo me he encontrado en las páginas de un libro. Hay pasajes en los que tienes la entera seguridad de que hablan de ti o de que eres tú el que los recorre. Te sorprende que alguien a quien no conoces sepa qué te conmueve o las cosas con las que disfrutas o sufres. De hecho, la literatura es un espejo de quien la lee. Un cierto de tipo de espejo. No sólo te miras en él sino que eres mirado, se te observa, adquiere el mapa de tus facciones y logra descifrar el interior de un modo que a veces ni tú mismo sabrías. Necesitamos leer porque necesitamos vivir. Quien no accede a la literatura no vive peor, creo que lo he escrito muchas veces. Lo que tiene es menos vida que vivir. Porque dentro de la literatura hay vidas que no están disponibles afuera, no se las ve, aunque se prefiguren o se intuyan. La ficción es la realidad que se ha desbordado y se ha recogido en un libro.



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