28.2.17

Error

Hoy K. ha tenido una ocurrencia que no es nueva: uno cae a veces porque quiere, por levantarse, por ver el cielo desde abajo, por perder una dimensión, por hacer que nos miren y les de por mirar a otros cuando se cansen de ver que hemos caído, cuando ya no tengan nada más que ver porque ya lo han visto todo. Hay quien cree que caer es lo peor que puede sucederte o que detrás de haber caído no hay nada más. Como si fuese un maelstron, un abismo, una tarjeta black que de pronto ha aparecido en tu bolsillo. A la gente le gusta verte caer. No porque ellos no hayan caído, sino precisamente por eso, por ver que no son los únicos y hay otros que hincan la rodilla igual o en peor postura que ellos. Uno se cae porque cansa estar de pie. Se cae porque de vez en cuando es bueno retirarse, no proseguir, dar por terminado el camino, aunque sea por empezar otra vez o por andar algún camino nuevo. En poesía, en la construcción de un poema, todo es caer, todo es ir acercándose y retirándose, buscando y errando, hasta que das con el adjetivo perfecto. Has estado la mañana entera buscando un adjetivo y no hay nada mejor en el mundo que dar con él y verlo en tus manos, como una criatura desamparada a la que das cobijo y con la que entablas una especie de idilio semántico. Los desórdenes más difíciles de corregir son los de índole semántica. Hay días en los que buscas una palabra y te acuestas sin que haya aparecido. También los días en los que sobrevienen las palabras, las que buscas y las que se precipitan sobre ti, sin que las haya llamado. Son las palabras las que nos salvan. Cuando caes son las palabras las que te hacen izarte. La idea de que puedas equivocarte en algo en lo que tengas un empeño especial hace que lo hagas con más oficio. Es bueno salir a la calle intrigado por lo que pasa. No saber nada de la trama que está por venir. No poseer ninguna propiedad fiable de la realidad cerniente. Cuanto más sabes, más aburrida es la vida. Hay días en los que lo sabes todo y te acuestas sin nada que contarte a ti mismo antes de conciliar el bendito sueño. En cambio, hay días formidables, viajes que van de un error a otro hasta que ves que nadie mira en qué has marrado y te permites equivocarte con más entereza. Como si fuese parte de ti y te hubieses esmerado en hacerlo mejor cada vez. Después se ha despedido. Ha dicho adiós. Hay veces en que hace estas visitas. Como queriendo hacerse ver. A mí me da también por convidarme a verlo.

Hacer un warrenbeatty


No sabe uno bien las cosas, no tiene la propiedad de su buen uso, pero deja que lo ocupen y trasiega con ellas lo mejor que puede. Hoy me levanté pensando en el error, en la idea primaria del error, en cómo nos equivocamos, en la manera en que uno no hace lo que se espera que haga o incluso en la posibilidad de que el error no tenga esa mala prensa y tenga sus adeptos. No he visto tal cosa. Digo un club de gente que ha fracasado en algo o algo así. Cosa de ese pensamiento de primera hora de la mañana, al sentarme ahora y poner la contraseña en el ordenador he pulsado las teclas equivocadas. Hace que no me pasa. Luego he puesto el lavavajillas y le he dado a un programa que no convenía. Quizá la culpa la tenga Warren Beatty y el marrón del papel del Óscar a la mejor película de la noche del domingo, pero ha sido un error productivo. Todos lo son. Basta meter la pata para que la noticia se difunda con rapidez. El trabajo bien hecho (que Warren Beatty o Faye Dunaway, la pobre, hubiesen leído como Dios manda la tarjeta) no es noticia nunca. Andamos pendiente de que alguien cometa un desliz. Estoy pasando un bache, un revés, un agujero, un no sé qué me pasa, que ni yo mismo me entiendo, cantaba Aute. La creatividad nace del error y de la sustitución del error. Los mediocres no se equivocan nunca. Ahora voy a ver si preparo unas cosas para el trabajo sin que me tiemble el pulso o se me vaya el santo al cielo y haga un warrenbeatty.

27.2.17

Tres principios de incertidumbre del alma

1
Amar lo que no existe
Lo malo de la verdad es que acaba antes. Al mentir, la historia se alarga y permite que la verdad pueda aflorar en un momento u otro. La literatura de la verdad es más aburrida, cree uno que lo de basado en hechos reales disminuye la calidad de lo narrado. Da igual que la ficción esté en un peldaño más abajo que la realidad o que sucesos acaecidos a pie de calle, de los que no provienen de las tramas novelísticas, en ocasiones sean apabullantes y mantengan la intriga que no ofrece la materia fabulada. Uno se pasa la vida amando cosas que no existen. Las de verdad están siempre a mano, no se van a dar a la fuga, se pueden canjear unas por otras, pero la ficción debe ser mimada, considerada el verdadero alimento del espíritu, observada con el apasionamiento de quien tiene ante sí al objeto amado y teme que un desliz o una contrariedad malogre ese estado idílico del alma.

2
Primer grado
Yo soy de preguntarme mucho. Me contesto con el afecto grande que me profeso, aunque a veces me fustigo, me acoso, me da por no dejarme pasar ni una. Lo mejor es partir de la idea de que no me conozco o de que no hay manera alguna de que alguien pueda conocerme. Como si el alma humana fuese de verdad inescrutable. Da lo mismo toda la literatura rusa que hayas leído o las risas que hayas echado viendo a Woody Allen extenderse a su manera sobre la divinidad y sobre lo terreno. Al final no hay camino que pisar, no existe la certeza de que conduzca a ningún sitio fiable.


3
Words don´t come easy
La mejor compañía es la de las palabras. Basta tener la consideración que merecen y andar siempre enamoriscado con ellas. En el momento en que no las cuestionas, cuando no las arrullas, ni les acaricias el lomo cuando se te acercan, todo se viene abajo. Hay días en que no te responden. Por más que solicitas que te auxilien, no acuden, parece que te la tienen guardada y se reservan el derecho de asistir. Ayer no las tuve a mano cuando quise. Me dejaron tirado, se puede decir. No hubo manera, de verdad que no la hubo, de que respondieran a mi llamada. Lo bueno es que me pasó con un amigo, echando unos vinos. O quizá fuesen los vinos, no pocos, ahora que lo pienso. En realidad todo esto que escribo podría haberlo silenciado. Vamos más lejos: todo lo que escribo podría haberlo silenciado.


26.2.17

La última estación / Reseña del segundo disco de Xavi Nuez



   Hace tiempo aprendí que de poco sirve llorar
   (Sólo para verte una vez más)

Hay muchas cosas que Xavi Nuez no hace. Sigue sin ser Bob Dylan ni Neil Young. Tampoco entra en sus planes continuar la senda que abrieron otros que tocan sus palos (Loquillo, Barricada, los más cercanos). Se aprecia que ha madurado, se le ven tablas, ha adquirido maneras de rocker, por decirlo de alguna forma. Como dice en una de sus letras, no sigue al rebaño. Con lo difícil que es tener una voz propia en el panorama discográfico español, hacer un disco de rock es una temeridad, una osadía, un salto al vacío o todo juntamente. Xavi Nuez es consciente de que no ha inventado nada, lo cual no quiere decir que el rodaje y la experiencia le abran nuevas vías en las que la música que reconoce como suya le envíe a territorios nuevos. Se vale de una voz muy personal. En mi opinión, su mayor valía, el hecho diferencial, el rasgo que hará que su propuesta puje y alcance los circuitos de difusión habituales, los que hacen que te programen en radio fórmulas o los ayuntamientos te contraten para hacer rulos. La parte que me falta para comprender de manera global la trascendencia de Xavi Nuez es su puesta en escena, si la rendición en vivo estará a la altura del disco, que está muy bien grabado y suena rotundo. Lo evidente de La última estación es que es un disco de rock, aunque también uno de rock and roll o de punk.  La última estación (Rock CD Records, 2017) es una apuesta ambiciosa en la que ya no está la inocencia lógica de Historias varias, su anterior disco. Hay un avance, una producción más serena, un sonido más directo. Abundan las piezas pegadizas (Coleccionista de problemas, Un millón de cartas, Ay Diana...) y las que requieren una escucha más honda (Amigo Pedrún, una de mis favoritas; La canción que prometí, que viene de la producción anterior) para que se impregne el mensaje (no sólo la melodía tarareable, que hay muchas, o la letra sencilla, en apariencia).




La honestidad del rock es una de sus cualidades más apreciables. Nuez es honesto, no se enreda en lo que no sabe hacer o en lo que no comulga. Malhablado si se precisa (Esto no es el CSI) o lírico hasta parecer un trovador que carraspea sus primeras letras (Sólo para verte una vez más o Un millón de cartas), el rockero se amarra a la que tiene a mano para que el mensaje fluya: guitarras enérgicas (Ay Diana es una declaración de intenciones, una de esas canciones que entran a la primera) o suaves (el magnífico comienzo de Espina de sardina, una de las mejores canciones del disco), teclados que no apabullan, pero llenan la escena sonora (Amigo Pedrún, La canción que prometí) o baterías sin prejuicios, baterías musculadas que marcan el tempo de casi todos los temas, creando la sensación de que el rock tiene mucho que decir todavía, aunque siga vistiéndose con las mismas ropas y no se arriesgue a enredarse en probar otras.  La última estación gana según se le concedan escuchas. No es un catálogo aleatorio de canciones: guarda un sentido, explica una manera de vivir, narra el pulso de la ciudad. Ahí están Barcelona, Madrid, todas las ciudades con todos sus avenidas y todos sus bares, pero también la ciudad que uno crea en su cabeza, la que hace suya y con la que convive.



El rock es un lenguaje de la ciudad, nació con ella y no hay otro instrumento que la cuente mejor que él. Por eso no flaquea, por eso perdura. Y es ésa  la razón por la que el rock de Xavi es la expresión diáfana de la libertad en estos tiempos de zozobra. Y es precisamente ahí, en la contienda, en las trincheras, donde el mensaje del rock prospera. No hay una intención social fundamental en las letras de Xavi Nuez: su prioridad es el amor o su añoranza o su pérdida. En adelante, en cuanto se decante con más hondura la inspiración en su manera de componer, depurará las letras, las hará menos pendientes de la música, creará una especie de poesía urbana en la que siga contando lo mismo y en donde el texto pueda ser leído sin que se precise el concurso de la melodía, sin que se eche en falta el colchón sonoro sobre el que él construye sus canciones. No es cosa que urja, no hay que exigirle lo que quizá no haga falta todavía: manda el conjunto, es la pieza entera la que requiere atención, no la mirada fragmentada a sus partes. La contracultura que parió el punk no está presente, incluso no conviene que aparezca. Lo que sí se agradece es el rescoldo del incendio que creó. De él, de ese bagaje cultural, Xavi coge lo que le interesa, indaga aquí y allá, coge lo útil, prescinde de las partes bastardas. La suya no es una batalla en la periferia de la ciudad: un disco como La última estación se defiende bien en los grandes escenarios, en los clubs o en la intimidad. De hecho, eché el disco al iPhone y paseé el pueblo como si las letras de Xavi me lo contaran de nuevo. Es una colección de canciones urbanas, arrebatadoramente urbanas, sí, pero también tiene vocación doméstica. La inclusión de un par de tiempos menos adrenalíticos le dan la pausa que precisa para que no sea un subidón enérgico de pies a cabeza, del corte primero (un disparo con todas las de la ley) al último (Pensa en mí, una versión más que decente del clásico de Oasis, Stand by me). El trabajo de Wences Sánchez, que co-produce, toca batería y bajo, y el de Xavi, con guitarras y voces es impecable. Además el disco suena muy bien.


Espero también que la estupenda voz de Xavi (personal, de inmediato asiento en la memoria) se pula y dramatice con más intensidad. A Neil Young, por citar otra vez  un grande del rock, se le afinó esa carencia cuando ya había hecho discos enormes. Fue capaz de registrar inflexiones nuevas, matices que no están en unas canciones y, en cambio, se hacen obligatorios en otras. Hay muchas voces dentro de la voz de un cantante, sea de rock o de boleros. Así que Xavi, que tiene una manera de cantar muy específica, aceptará de buen grado que es ése uno de sus trabajos. Lo acometerá bien, no tengo duda en ese aspecto.


Entiendo poco de cómo funciona el negocio de la música para saber cuál es el siguiente paso. Sé que Xavi las tiene todas consigo. Posee la vitalidad y la ilusión, una voz contundente y unas ganas enormes de correr por el mundo, pero no le falta el talento. Hay mucho en La última estación y lo hubo en Historias varias. El que falta se aposentará con el tiempo, conforme escuche más música y crezca como intérprete y como persona. Hace bien en aprovechar la juventud y tocar casi con toda probabilidad la única música que responde a todas las preguntas que la juventud suele hacerse. Tal vez no sean respuestas lo que hay en el disco, sino más interrogantes, más dudas en todo caso. Hace muy bien en confiar en las redes sociales, en los videos en youtube (Ay Diana es una pequeña obra maestra) o en salir a la calle con el disco en los dientes y venderlo a cara de perro. Porque son malos tiempos y no hay mejor aval que uno mismo, exhibido, ofrecido como él lo hace, con humildad (aseguro que en lo que le conozco es un tipo sencillo y asentado en la tierra) y con la certidumbre de que su trabajo es el mejor que ha podido facturar. A mí me ha correspondido recibirlo en casa (lo cual fue un verdadero honor) y escucharlo con calma para que todo lo que aquí he reseñado no reste ningún mérito ni deje en el olvido ninguna falta. Ya comenté Historias varias por aquí. Cuando saque el tercer disco, espero que no se haga esperar, estaré encantado de volver a dejar unas notas. Que dé muchos conciertos, que venda mucho, que se vea a Xavi por todos lados.

Ah, una última cosa: la portada de La última estación gana por goleada a la de Historias varias. Claro, todo son apreciaciones, formas de ver las cosas. A él le toca (una suerte) el trabajo grande de hacer un disco y a mí el recado suyo de que le haga una reseña. Espero que la reciba con una sonrisa. Yo sigo agradecido por la confianza.



Si alguien desea escuchar y tener La última estación aquí lo tiene fácil.

Página web: www.xavinuez.com 

Amazon / iTunes


25.2.17

Habrá que arder en el infierno

La creencia en una fuente sobrenatural del mal no es necesaria; el hombre por sí mismo es capaz de cualquier maldad.

Joseph Conrad


La teología es buscar de noche en un sótano oscuro a un gato negro del que no tenemos certeza alguna de que esté. Lo dejó escrito Robert Heinlein. Katherine Hepburn, una atea declarada, pedía que no la molestasen por su descreimiento o que la valorasen por la bondad con la que procuraba comportarse. Los ídolos, a decir de Flaubert, si se les toca, se te queda el dorado en las manos. Luego está Kapuscinki: sostiene que la ficción cinematográfica, incluso la más cruel, no ha inventado nada: que todo el mal, incluso el más infame, está en la Biblia. Que hay pocas páginas en las que no se fomente la violencia, no se aliente la venganza o no se sacrifiquen personas a beneficio de un creador etéreo, inasible, invisible. De la religión, decía Lord Byron, no sé nada: a menos nada a su favor. Todas estas ocurrencias paganas están bien y las lee uno con agrado. Se deja llevar este lector ocioso por su afinidad con lo narrado, pero donde he encontrado una más fina invectiva contra la religión, la divinidad o la fe, es en Los Simpsons. Lo que hacen es ofrecer, en horario estelar, en mainstream puro, una declaración pagana. El humor, en El nombre de la rosa, la novela de Umberto Eco, diezmaba la población eclesiástica de la abadía. La fe no es cosa de la que reírse. No hay nada malo en reírse. No hay nada malo en creer. Tampoco en lo contrario. Si los unos y los otros pudiesen entender las razones que esgrimen para creer o no hacerlo, el mundo iría mejor, sin duda. Y hay, por supuesto, quien ve de noche, en un sótano oscuro, al gato negro. En ocasiones, lamento no ser yo quien lo perciba. No tengo ni idea de lo que encontraría en esa revelación. Nada de lo que me han contado los amigos que lo han visto me ha hecho considerar que yo haya cometido algún error. Soy una persona sensible y también una razonablemente crédula, pero no hay forma de enamorarse a posta, de caer en el hechizo del amor (o de la fe, una especie de amor metafísico) con premeditación. Mientras que esa epifanía me traspasa, quién duda que algún día no lo haga, sigo disfrutando con mi paganismo practicante. 


"Mira, puedes aceptar la ciencia y enfrentar la realidad, o bien puedes creer en ángeles y vivir en mundo infantil de fantasía."
(Lisa Simpson) 

rases

"Querido dios. Pagamos por todo esto nosotros solos, así que gracias por nada."
(Bart Simpson) 

os


"¡Dios no tiene lugar dentro de estas paredes, igual que los hechos no tienen lugar en una religión organizada!"
(El supervisor Archundia, respondiéndole a ese fanático de Ned Flanders) 

egapost

"De nada sirve rezar Flanders, yo mismo acabo de hacerlo y no vamos a ganar los 2"
(Homero Simpson) 

tc.

"¡¡Señor, tú estás en todas partes, Eres omnívoro!!"
(Homero Simpson) 

teas

"Esta supuesta nueva religión (refiriéndose a otra) no es más que un montón de rituales y cánticos extraños diseñados para quitarle dinero a los tontos. Ahora, recemos el Padrenuestro cuarenta veces, pero antes vamos a pasar la bandeja de las limosnas."
(Reverendo Alegría)

5 Frases Ateas de Los Simpson

"No soy un hombre de plegarias, pero si estas en el cielo, Ayúdame Superman!"
(Homero Simpson) 

impson

"Estoy rezando a Dios, a Buda y a Bob Esponja"
(Lisa Simpson)

rases

"Dios es mi personaje de ficción favorito"
(Homero Simpson) 

os

"Ned,¿has pensado en otras religiones? Todas son básicamente lo mismo"
(Reverendo Alegría) 

egapost

"¿Por que yo Señor? ¿En que me he equivocado? No bebo, ni bailo, ni digo juramentos. ¡ He echo todo lo que dice en la biblia incluso las cosas que contradicen a las otras cosas !"
(Ned Flanders) 

tc.

"Si creen en Ángeles, ¿Por que no creen en hadas, unicornios...?
(Lisa Simpson) 

teas

Bart: de que religion somos viejo?
Homero: como se llama ese conjunto de leyes bonitas, que nadie cumple? ah, el cristianismo

5 Frases Ateas de Los Simpson

"¡ Por supuesto que soy aficionado a los Beatles! ¡Ellos fueron mas grandes que Jesús!"
(Ned Flanders) 

impson


"No soy un mal tipo, trabajo duro y quiero a mis hijos ¿Por que tengo que pasar medio Domingo escuchando como me voy a ir al infierno?"
(Homero Simpson) 

rases

"Gracias a Dios recuperamos la razón y veneramos a un carpintero de hace dos mil años"
(Bart Simpson) 

os

"Si Caín y Abel eran los únicos hombres entonces, ¿Como hicieron mas hijos? ¿Con su madre? o ¿Entre ellos?"
(Rodd Flanders) 

egapost

"Perdoname Marge pero esa pistola me hizo sentir con tanto poder, como debe sentirse dios cuando tiene ua pistola"
(Homero Simpson)

tc.

"Te has puesto a leer este libro, prácticamente es pecado ir al baño"
(Reverendo Alegría) 

teas

"No, no soy misionero ni siquiera creo en Jebús. ¡Déjenme salir!"
(Homero Simpson) 

5 Frases Ateas de Los Simpson

"Y que tal si la religión no es buena, todos los domingos estaríamos haciendo enfadar más y más a dios"
(Homero Simpson) 

impson

"¡Salvame Jebús!"
(Homero Simpson) 



24.2.17

6 notas


1
Inminencias, sospechas, la realidad con su azar y con su vértigo escribiendo por ti una trama que te incumbe, pero en la que no se te permite opinar. Kafka en el editor del blog. 

2
La moral. O alguna clase de moral que todavía saca la nariz por encima del agua y ama el aire y lo entra dentro y lo mima hasta que tiene que bucear de nuevo y perderse por ahí abajo. 

3
No todo lo que escribo zanja una deuda mía, pero hay cosas en las que entreveo un pago, una especie de rendición, un mirar atrás en el tiempo y registrar una menudencia. Por si la memoria malogra ese pequeño prodigio narrativo. La memoria es un libro que, de tan abierto, el viento vuela sus páginas. Podemos llamarlo el viento, sí. 

4
Creo en la bondad de la gente. De un modo a veces rutinario, sin apreciar los desaires de algunos, sin caer en la cuenta de todos los atropellos que uno ve en la calle o en una pantalla de televisión. Quizá el mal esté en la indolencia, en el hecho de habernos acostumbrado a que lo natural y lo previsible sea el mal; que el bien, cuando triunfa, escandalice incluso, cree esa especie de malestar que solo causa lo que no se espera. 


5
Leer a Bécquer cincuenta años después. Porque son cincuenta, aunque sean treinta y cinco o sean cuarenta, no sé. Uno pierde la cuenta. Bécquer cincuenta años después sigue intacto, duro y apreciable. Me gusta Bécquer porque no se ha ajado. Parece el poeta más frágil, el que menos debiera ir con los tiempos y amoldarse a ellos y, sin embargo, los soporta más que bien, sobrevive estupendamente. Daría Bécquer para una de esas series televisivas de la televisión pública. Si fuese distópica mejor. Un Bécquer distópico mola más que un Coelho alopécico. 


6
En cuanto nado mucho, a poco que me noto cansado, dejo de nadar. Creo que es lo correcto. Es entonces cuando, tumbado en el agua, mirando el cielo sin mirarlo, notando el peso de la luz sobre mis párpados cerrados, entiendo cosas que en otro lugar no alcanzo a entender. Las entiendo en ese momento, después de haber nadado, de extenuarme, de comprender que debo quedarme quieto, boca arriba, mirando el cielo, cerrados los párpados, sintiendo la luz invadiendo mi cabeza, pero cuando regreso a la orilla ya no recuerdo nada de lo que entreví mar adentro. El mar es un sueño topológico. 

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