1.10.17

palabra de conejo




está acabando el domingo
he dejado el libro en la mesa y me he asomado a ver la calle
está sola alicia y no tiene quién le muestre el camino
la oigo pedir ayuda, sé que está sola, pienso si podría decirle cómo volver, pero no encuentro el modo
suelen pasar estas cosas
uno cree que la trama de la historia que está leyendo se impregna de la trama de la realidad y cree también que la cosa obra a la reversa y la historia leída tiene algo salido de la realidad, algo obsceno, algo lírico, algo inocente, no siempre a la vez, ni siquiera esas cosas acometiendo su ingreso en orden, cuidando de no hacer ruido
muy a pesar mío, me convenzo de que podré asistir a su desquiciamiento o de que estaré en primera fila cuando caiga y cuando se incorpore, pero no más
la literatura es un espectáculo para voyeurs cobardes, no permite que metas la mano o te deja, sí, es posible que te deje, pero de una manera tangencial, sin que exista un verdadero roce
a veces los pájaros acuden si los llamo, vienen en bandadas, se atropellan en el alféizar de la ventana
miran qué hago, observan los libros encima de la mesa, parece incluso que escuchan a wagner invadiendo polonia, pero en realidad no hay trama más allá de la impresión poética
en otras no acuden si los llamo, están convidados por el azar, están sin que yo intermedie en ese prodigio
en otro modo de entenderlo todo, nosotros somos como pájaros, acudimos si nos llaman, vamos en tropel, nos atropellamos sin concierto, observamos qué hay detrás, si la cosecha o tan solo la semilla, si el final severo o el entusiasta acto de inicio
importa la trama, nos importa construir la memoria, tenerla a mano, conferirle el rango de libro y abrirla en cuanto se nos ocurra, consultar, ver qué podemos hacer para que no sintamos el peso del mundo, que no es amor, hace tiempo que no es amor, lo fue
estuvo ahí el amor, codiciando amantes, copulando sin brida al modo en que lo hace la lluvia cuando lame el aire, invisible, puro, gozoso y alto
escribo porque soy un conejo
a veces me da por imaginar que no soy emilio calvo de mora villar, no tengo el ideal de la justicia, no tengo el sencillo amor a la vida, no comparto con los otros la alegría que en ocasiones me ocupa el pecho
soy un conejo, el señor conejo, voy de campo en campo, olfateo, sobre todo olfateo
siendo conejo he desarrollado enormemente el sentido del olfato, donde otros aguzan la vista, donde se esmeran en sublimar el gusto, yo he puesto toda mi sangre en el crecimiento de mi olfato
está grande mi olfato, estoy satisfecho de cómo funciona, salgo al campo, olisqueo sin parar, muevo los bigotes, nunca me he visto, comprendo que termine moviéndolos
los conejos tenemos esas cosas, cosas de conejos que no pueden ser comprendidas enteramente para quien  no es conejo
las mujeres de wichita falls tendrán también las suyas, no conozco una sola mujer nativa de wichita falls, cabe la posibilidad de que alguna se me haya cruzado, pero no podido decirle nada, contarle la historia de mi vida, la breve historia del insomnio, el sonido que hace mi bigote cuando se me cruza una zanahoria
sobre la superficie herida de la zanahoria voy rindiendo diente a diente toda mi nerviosa boca, sé que me espera el manjar, cuanto más me espera, más intenso es el placer y más lo dilato
si vuelvo a mi condición humana no recuerdo nada de mi vida como señor conejo, no sé nada de mi promiscuidad de conejo
vuelvo a la mesura, escribo distraídamente en un banco de un parque, observo una iglesia, a lo lejos, la gente entra con respeto, entran animosamente, creo que luego dios los amonesta, secretamente los amonesta, dios censura, dios es de los que no tienen pelos en la lengua, por decirlo hoscamente, es un catón el buen dios, es un terrible ojo imposible, pero los conejos no tenemos moral, no sentimos el peso del mundo, solo olfateamos, fornicamos, entendemos el mundo según lata el corazón más o menos aprisa
la vida como señor conejo tiene sus ventajas, no nos escandalizan los asuntos habituales, solo nos concierne la procreación, no se puede pensar en otra cosa, solo olfateamos, tan solo pensamos en qué momento tendremos la oportunidad de dejarnos caer sobre la hembra conejo, cubrirla sin resquicios y verternos sin pudor, los conejos tenemos el pudor mínimo o no tenemos pudor alguno, solo oteamos
cubrir es un verbo manso, uno cubre lo que puede, cubre sin apuro, un poco también desinteresadamente, sin caer en la cuenta de que se está cerrando un ciclo o de que se está abriendo
el hombre tampoco razona estos brincos del alma, no estoy hecho para llevar registro de todo lo que me sucede, quizá un apunte, un breve comentario, dejar constancia del prodigio del vino en la boca, constatando la brutalidad de las horas cuando la resaca te pasa por lo alto
el señor conejo ya no bebe como antes, escribe más, pero bebe menos, me cruzo con él en el portal de la casa, lo saludo, no parece conejo, no debe parecer conejo, siendo conejo no tendría los beneficios de ser hombre
yo soy hombre, tengo beneficios, no soy conejo, no olfateo, no copulo como conejo, como una brújula loca que busca la perpetuidad de la especie
en la cópula se quintaesencia toda la prosa del señor conejo, el estilo barroco, el estilo ampuloso, el vuelo, el asalto al verbo, la certeza de que las palabras me abandonan, no es posible aprehenderlas enteramente, se escurren, no se avienen a que tú las sometas, tiene que haber un pie en el cuello del adjetivo, no hay que mimarlo, no hay que pensar que el adjetivo está ahí porque nosotros lo hemos llamado, como si fuese un pájaro, un pájaro que no acude si le llamamos, ahora estoy buscando un sentido a lo que digo y solo encuentro vértigo, el vértigo expandido, las palabras del señor conejo yendo y viniendo por mi boca, el sexo fugaz, la obra completa de mozart en un montón de cedés, la obra completa de benito pérez galdós en una caja  o en dos o en tres, en un trastero, cerca de la bicicleta de mi hijo,
mi hijo estudia alemán, mi hijo hace complicados cálculos logarítmicos
no sé cómo se dice conejo en alemán, no sé alemán, quizá sea tarde, no estoy por la labor, no sé a qué labor afiliarme, con cuál excederme, hace falta excederse, ver que se duele uno, apreciar el dolor, sale el texto del dolor mismo, si no hay sufrimiento no puedes ser escritor, escribes para cualquier cosa, pero no se te considera oficio, no entra en lo razonable que escribas porque no es posible eludir esa responsabilidad contigo mismo
el lector cae, se involucra, se afana a veces en entrar, pero la literatura está en otro lado, no en lo que registras, en el cuerpo orgánico del texto, en el conejo abatiendo a mordiscos la zanahoria, como si no tuviese otro cometido, como si eso que le encomendara lo aturdiese y no le dejara que la sangre fluyese por dentro
la sangre es el texto también, uno es la herida y es la sangre, en la herida se intuye un aviso del texto que está por venir, algunos escribimos antes de la dentellada, no podemos esperar, nos falta la paciencia para ofrecer el texto una vez que el diente ha hecho cuartel en la carne, la carne libra entonces una batalla más alta, de más noble fuste
el conejo se encoge de hombros, se sienta en la sala de espera, mira a un lado, a otro, espera que lo entiendan, pero a los conejos no se les ve nunca como realmente son, es una pena ser solo conejo o ser solo walt whitman o ser solo eco, más allá de la voz, por encima de la sangre incluso, apartando la memoria, ser solo eco, el eco libertino, nuevamente izando banderas de placer en el aire recién libado, el aire convertido en luz misma, la luz mecida después por el eco, reverberándose, convocando el secreto numen de las cosas, pero ah emilio calvo de mora villar, estás saliendo del territorio del conejo, lo estás abandonando, no será posible después el ayuntamiento con su causa
morirá en un rincón, abandonado el conejo, vendrá el cáncer, se lo comerá entero, no quedará nada, no habrá un resto
el señor conejo será venerado, edificarán iglesias, la gran iglesia del conejo, tocarán fugas de bach, se escucharán desde lejos, incomodarán a los que no entienden qué lujuria los preñó
la carne libra entonces otra batalla más alta todavía, la voz se convierte en salmo, el señor conejo se retira a contemplar su obra
en realidad no es preciso velar durante toda la noche al conejo
señor conejo tuvo una vida admirable, un conejo feliz, el conejo al que los cuentos cortejan, en el que se observa la rotunda armonía del cosmos
no hay muchos animales en los que advertir esta evidencia de orden metafísico, ningún fabulista ha logrado hacer converger en un animal la filosofía antigua y la new age moderna, toda la sabiduría de los próceres del alma y toda la mierda patrocinada por los bancos, pero el mundo sigue, ah amigos
hemos estado aquí, mirando al conejo, observando cómo se le arruga el gesto, aceptando que la vida es siempre una aventura involuntaria
he aquí al héroe, no hay otro que rivalice con él, ninguno tiene su historial épico, ninguno que lo haga flaquear en su empeño amatorio,
he ahí a las amantes, se agolpan en la puerta, vibran en escorzo, cimbrean la cintura, arquean el torso, ponen el alma en cada acometida de la sangre, todas aseguran llevar en su vientre el fruto de la salvación, la semilla pura y dulcísima

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1 comentario:

Felipe dijo...

brutal el texto, celebrando la orgía de la palabra, un hallazgo, un aplauso, una fiesta leerte siempre, Emilio... Tantos años después....

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