11.5.17

Lo que no


No podemos ser sublimes sin interrupción, 
no somos Baudelaire, 
no está el aire envarado de luz, 
ni está oscuro, ni gris, 
no estalla la poesía en mi pecho como un cántico, 
no he aprendido literaturas germánicas medievales, 
no he sentido el peso de la revolución en los cereales del desayuno,
no me han hablado los pájaros por la mañana,
no he sentido en el corazón el amor del cosmos,
no sé contar la tristeza, no sé mirar la alegría,
no sé mucho de alquimia, 
no tengo todas las muertes juntas en cuento, 
no persiste el amor como una epifanía en la boca del estómago, 
no hay Purcell por las noches,
no sé declinar los verbos más importantes, 
no veo la rosa ya rosa de verdad de un modo absoluto y continuo, 
no me pregunten, no está el tiempo a mi lado,
no canta el cantor, no lo escucháis, 
no está Lázaro, ni se presiente que acuda, 
no hay dios, no hay patria, no hay rey, 
no me vendan la usura, 
no creo que necesite más que esta canción de Pablo Milanés de mil 
                                          novecientos ochenta y ocho,
no estabas tú, ah cuerpo, en el vértigo ni en la fiebre, 
no encontré asidero en los palacios,
no vi ningún abrigo en el oro, 
no me ocupé de las palabras, 
no el largo mirar de las palabras 
sino el hondo pulso de lo que dicen.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Maravilloso. Reencontrarse con la poesía, Emilio, de tu mano...

Elana Cuadra