23.5.17

hipotaxis

uno tiene siempre su visión de los hechos, cree que es la que más cuenta o no piensa que las otras la aparten, conforme crece se aferra a su visión, la adora en la intimidad, la mima incluso, la reserva a ojos extraños por si no es capaz de defenderla, así que se esmera en su cuidado, se informa, se afana en informarse, concluye que sigue siendo la única visión posible, todo lo que lee, lo que escucha, confirma que es la correcta, las que le inquietan, las versiones peligrosas, no las considera, no deja que ocupen mucho tiempo en su cabeza, por si descabalgan a la buena, a la gran visión de los hechos, la que ha ido amasando pacientemente desde que se le ocurrió, no se acuerda cuándo, no sabe cómo, pero es la suya, lo que tiene para enfrentarse al mundo, es la teoría del búnker, uno tiene su propio búnker, no hay nadie que no haya construido uno, quien diga que no lo ha hecho es que miente, se miente a veces porque la verdad es escandalosa o porque la verdad no es admisible, en la mentira el tiempo fluye de otra manera, las mentiras son los ladrillos del búnker, pero adentro está la verdad inconmovible, la gran verdad forjada a través de los años, contra los vientos y contra las mareas, frente al rigor de las estaciones y frente al caos de las leyes de los hombres, no se puede salir a la calle y zafarse de todos los peligros que ahí acechan sin tener la seguridad de que al volver a casa tendremos un refugio en el que guarecernos, la idea de los países proviene de que los hemos imaginado como si fuesen búnkers, los hay más estrictos, los hay más benignos, el búnker es una extensión lógica de la visión única de los hechos, el búnker es un país dentro de un país al que no se desea pertenecer o al que no le tenemos afecto o del que huimos o uno que creemos que nos persigue o que nos hiere o que no nos tiene en consideración, de ahí la construcción del búnker, no es sólo el miedo, también es la sensación de una intimidad, de sentirse protegido, el búnker es el útero materno al que se vuelve siempre, la gran vagina cariñosa, el túnel por el que accedemos a la música secreta del cosmos, pero afuera el mundo gira, suda, sangra, muere y nace en un mismo espasmo, el mundo es el búnker, no tienes que agenciarte otro, no hace falta que construyas otro

2 comentarios:

Rafa Ortiz dijo...

escribir y extenderse y no saber a donde se llega pero llegar y hacer que todo sea maravillooos, emilio

angalu dijo...

El empleo de la palabra bunquer me parece demasiado fuerte.Me parece más apropiada la palabra coraza en cuanto a personas se refiere. Mientras el bunquer es impenetrable, la coraza no lo es tanto. Aunque nos proteja de la primera embestida, nos puede herir, quien puede ¡claro! no todo el que lo pretende. Pero existen poros que filtran cualquier mal aire, dejando pasar lo que queremos, sin dejar de estar del todo en contacto con el exterior. Así lo veo yo, por lo menos. Ha sido un placer leerte.