14.2.17

Los amores fáciles

Hay libros que poseen títulos perfectos. No hay amores fáciles es uno de ellos. Lo vi hace pocos días, no sé dónde, la verdad. No recuerdo el autor, alguien me lo dirá ahora, ni la portada. Tampoco tengo un especial interés en leerlo. No porque tenga alguna razón para rechazarlo o para acogerlo. Tengo una montaña de libros que leer. Los tengo apilados en una balda. Les he puesto un orden. Cuando la miro, advierto que hay algo malo en esa costumbre de aplazar las cosas o en la de no tener ninguna certidumbre sobre si se podrá acometer lo acordado con uno mismo. De los planes que hago, con más o menos convicción, con mayor o menor vehemencia, cumplo una parte pequeña. Los otros, los que no obtuvieron el escrutinio favorable, los cubro con ahínco. No dejo que me torturen, no permito que se aparezcan de improviso y perturben mi sosiego. En realidad es eso a lo que aspiro, una especie de sosiego interior. No creo que haya felicidad más perdurable que ésa: la de saber que estás bien contigo y con el cosmos. He estado a punto de retirar la alusión al cosmos: siempre está el temor a que alguien piense en que copio a Coelho y deje de leerme de inmediato. Los prontuarios de éxito personal, los que se venden en los grandes almacenes, arrasan en ventas. Queremos recetas, buscamos bálsamos fáciles para alcanzar la felicidad o para encontrar el amor perfecto. Los amores fáciles duran días, menos a veces. Sirven como título estupendo o como slogan para un anuncio de colonia por el Día del Padre. Un amor fácil no acaba roto nunca. En todo caso, se fractura, le sobreviene un indisposición súbita, pero no entra en ese trance complicado de no saber si volverá a latir o si el latido, de producirse, tendrá un compás extraño, como una tos persistente en mitad de la noche. Vamos así, entre el amor fácil y el complejo, entre lo frívolo y lo solemne, sin saber en qué concentrarse, con qué entusiasmo acometer la irrupción de los dos, sin entender bien cómo trasegar con ellos y hacer que nos hieran poco o no lo hagan nunca.

1 comentario:

Melmoth el errabundo dijo...

Amigo mío, veo que estás leyendo a Kundera, y este magnífico novelista tiene otro libro de que se titula El libro de los amores ridículos, una colección de buenos relatos. Y como estamos de títulos, también es ejemplar Los amores difíciles de Italo Calvino, suculento libro, también de relatos. Hay uno que me gusta especialmente: una pareja que trabaja en turnos diferentes y nunca pueden verse. Cuando ella se levanta para ir a trabajar él vuelve para dormir. No se ven, pero él nota todavía la cama caliente cuando se introduce en ella. Y ya que estamos de amores, títulos y camas, existe un sabroso libro titulado El amor dura tres años, del gamberro Frédéric Beigbeder. Aquí te dejo unas citas extraídas; y ya me despido aquí mismo. Fuerte abrazo.

"Una historia de sexo puede convertirse en una historia de amor, pocas veces ocurre lo contrario."

"El amor es una fuente de problemas respiratorios."

"En el siglo XX, el amor es un teléfono que no suena. Tardes enteras pendientes de cada ruido en la escalera, como tantas falsas alegrías absurdas, ya que, en el último momento, has anulado la cita al mediodía con un mensaje en nuestro buzón secreto (...) Porque el amor no es únicamente: sufrir o hacer sufrir, también puede ser ambas cosas."

"Malentendidos entre enamorados que se buscan para no encontrarse."

"Dejas la casa de tus padres, y luego, a veces, la casa de tu primer matrimonio, y siempre experimentas la misma pena, la de sentirte, de una vez por todas, huérfano."

"Después de tres años, una pareja debe separarse, suicidarse,o tener hijos, que son las tres maneras de confirmar su final."

"El amor más intenso es el amor no correspondido."

"Amar a alguien que no te ama, eso es amor."

"Y luego está ese monstruoso concepto congelante, el somnífero más potente jamás inventado: el Débito Conyugal."

"Estamos en este mundo para volver a vivir los mismos acontecimientos que nuestros padres, en el mismo orden, del mismo modo que ellos cometieron los mismos errores que sus padres, y así, sucesivamente."

"Lo malo del matrimonio por amor es que arranca demasiado alto."

"Nos separamos igual que nos habíamos casado: sin saber por qué."

"El hombre solo tiende a la prehistoria: al cabo de unos días deja de afeitarse, de lavarse, emite gruñidos. Para llevar al ser humano hacia la civilización, fueron necesarios millones de años, mientras que el regreso al Neandertal cuesta menos de una semana."