5.1.17

Poema de la condolencia

ah el presente
los que vigilan el tiempo lo ignoran o le confieren la vigencia de lo inasible
es la niebla la que avanza
se apropia de los libros y adormece las palabras en el aire
de aquello que aprendiste solo queda un rumor
en ocasiones el rumor escala el aire mismo y hace residencia en la luz

de arriba te observas y traduces a lo que entiendes lo ofrecido
está la sangre y están los verbos
furiosamente la sangre y furiosamente los verbos
la niebla arrojada como un dios de los bárbaros
la fiebre rivalizando con el vértigo por la posesión de tu sombra

de adentro escuchas la niebla incontenible
la luz gangrenada
la pobre evidencia de los años ganados al olvido y sacrificados ahora
el rumor sin alivio de que no hay nada más y todo acaba
cuando los ojos no ven y la voz no dice

algo no obstante subsiste
el mapa por donde discurren los milagros
el futuro con su savia
la memoria con su orquesta
los tiempos dulces y los de la tiniebla
la niebla prescrita como un cáncer
el cuerpo comido por un cangrejo obstinado
el alma barrida por el peso infame de todo ese dolor
cuesta respirar y los libros siguen cerrados
la luz limpia también cerrada
las palabras en el aire buscan quien las tutele y adiestre

así fui conociendo el corazón que me cuenta a los demás
y dice que soy la extremidad extirpada de un cuerpo ya en fuga
al que no es posible invitar al festín de los sentidos
oigo el corazón en la bruma
atiendo al corazón entre las luces
me esmero en complacerle en lo que puedo
él procura que no me pierda ni lo extrañe
así los dos como una exquisita pareja de baile

así la música hechizando el verbo
así los años herrumbrando las cosas
los días persiguiéndose
la palabra empeñada en explicarme
en decir quién soy o a qué he venido
el poema como una espuma salvaje
lamiendo la playa que ha besado el mar

el cielo finge arribe
la tierra no consuela abajo

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