9.1.17

perpetuum mobile redux / el frío

oigo el frío hacia adentro a nado ganando la herrumbre

frío que gasta palabras, las sílabas del frío vulgar como la muerte cuando ocupa la entera extensión de la luz que la batalla 


oigo el frío majestuoso en secreto contando los días, el frío virginal que trae una lluvia invisible, un rumor oculto de heridas, el veneno primero con el que la vida nos enseña su saña ampulosa y cabrona


frío leyendo hace años a dickens, en verdad os digo, oh mis hermanos, que nada hay que haga sentir más frío que ser un niño de dickens en una edición barata de bolsillo, todo lo que uno lee es dickens, todo está ahí, íntegro, en el mejor de los tiempos, en el peor de los tiempos, en ese bucle de las cosas, que no se advierte, que no deja una huella y, sin embargo, perdura, no se desvanece jamás, está al alcance siempre, como un salmo, como un dios caprichoso y rudimentario que bosquejara el mundo y lo bosquejara otra vez y viese que está bien la obra, pero se diese un día, dos días, seis días, hasta que de pronto comprendo que ya no es posible más, entonces es cuando se produce el chasquido, todo lo demás no importa, no importa el vértigo


el frío, el abismo, las palabras se escriben solas, cruzan solas el páramo, escribe uno con las palabras que no le pertenecen, como si otro escribiera, es un texto de otro, no me pertenece, leo algo que no es mío, no pertenece a nadie el texto, es un paisaje el texto, los paisajes no tienen quien los posea, dios en la altura bendice los paisajes, pero las palabras están en un rango más alto que los dioses, antes del big bang hubo palabras, el universo es un verso que se fue expandiendo, el big bang es un poema


frío cuando no hay nada que hacer, ni nada que nos consuele, el frío brutal que no avisa nunca, todo ese frío que está aguardando desde que empecé el poema

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