3.1.17

10 fragmentos

Está la historia previsible, pero hay otra debajo. Tiene barcos hundidos o a nada de hundirse, pájaros con solemne vocación de fuga en una avenida a altas horas de la noche, hombres tristes que desvarían en su tristeza y fabulan delirios, sueños espléndidos que se malogran al poner el pie en el día, un cielo de una pureza que aturde a la caída de la tarde. De lo que se trata es de registrar lo que no es previsible, de enloquecer el pulso y manuscribir todos esos prodigios. El propósito final es desquiciarse a sabiendas. 

El invierno conquista mi corazón y lo invade de milagros. Inexplicablemente salgo al frío con la emoción que no me visitaba ya casi nunca, la que parece reservarse para otros asuntos que, en apariencia, revisten más relevancia y trascendencia. El frío, ese pequeño milagro de la mecánica de los astros, me bendice y me cubre. Vehemente, explico mi alborozo hoy a quien lo percibe. Le cuento los detalles, le abro el pecho y le dejo que escuche. Tengo frío, les digo. No comprenden. No tienen frío, será. 

3 
La boca sabe a resaca. Un ángel es un poeta más ebrio de lo previsto. El cielo es una conspiración de borrachos. La eternidad es una resaca permanente. 

4 
Sentí que me invadían las algas. Creí que era un personaje de Lovecraft. Temí que me viese Kafka y me mandase a consolar a Samsa. Temí que Humbert Humbert me dijera que mató a Lolita y la tiene en un jardín de una casa que ha alquilado a las afueras y en donde, entre el llanto y la satisfacción de la venganza, escribe una novela. 

Soy una gárgola. La catedral me crece debajo. 

No creo en dios. No creo en los hombres de Harrelson. No creo en la supremacía blanca. No creo en los verbos irregulares. No creo en el bebop. No creo en los lunes. No creo en la banda ancha. No creo en los prólogo muy largos. No creo en la música dodecafónica. No creo en el cha cha cha. No creo en el salón de los pasos perdidos. No creo en la Sorbana. No creo en la luna. Sobre todo no creo en los lunes

También el río es un poema.

8
Hoy el mar, a lo lejos, es un dolor suave. El cielo, aquí adentro, es una muerte dulce.

Sólo suceden cosas de noche. En el día todo es simulacro, un ensayo.

10
La caligrafía es siempre el cuerpo, su pulso herrumbrado, la sangre demolida