23.12.16

Los días se persiguen




Hoy leí algo que decía un buen amigo mío al que cada vez veo menos. Sostenía que la novela es el único lugar del mundo donde cabe todo. Lo vuelve a decir Eduardo Mendoza, entrevistado en prensa. Hay novelas en las que está el mundo, es cierto. A mí, después de leer algunas, me quedo con las sencillas, las que no ambicionan mucho o las que, pareciendo de asunto menor o no ajustándose al canon clásico del género, el que vierte Bloom o el nuevo lumbreras que surja, luego se alambican, se extienden hacia adentro y no tienen fin dentro de la cabeza de quien las ha leído. Acabo de terminar Jakob Von Gunten y siento justamente eso, la sensación de que la historia está creciendo en mi memoria, se está apoderando de una parte de la realidad o está consiguiendo que esa realidad, sin que yo medie en el tránsito, se deje abrazar por la voz del esforzado Gunten, aprendiz de tanto, modesto y sencillo ser humano que sólo aspira a servir y a elevar su servidumbre a las más altas cotas de excelencia. En los tejemanejes que el alumno registra en su diario está el mundo en sí mismo. No falta nada, ninguna voz. Hablan los seres bajos y los humildes, a decir de uno de los dos, Jakob o el mismo Robert Walser. Pensar en él (en Walser) retirado del mundo, en la clínica psiquiátrica donde estuvo recluido treinta años y donde murió, me hace pensar en que de algún modo esa idea estaba planteada en la novela. Cabía, cabía y estaba. Sólo hace falta leer, cuidar de que no se escape nada. No sé si no conocer esa circunstancia, la de saber sobre la vida del autor, incide o influye o modifica la lectura que se haga de su obra. No debiera y, sin embargo, sucede, la manchamos, la contaminamos con esa periferia innecesaria. Hoy he empezado a ver una serie en televisión de la que no había tenido noticia alguna. La han puesto en la parrilla principal de Netflix como novedad interesante. Se llama The O.A. Acabo de terminar el primer episodio y estoy desconcertado, feliz y desconcertado. He estado tentado de leer algo sobre la serie, pero no lo he hecho. Evitaré caer, la veré sin ninguna injerencia externa. Hay días que deberían vivirse con esa especie de pureza cultural. No saber nada de ellos, no proceder con el sesgo que proporciona la experiencia, actuar como si todo fuese nuevo y se nos estuviera presentando. No sabemos hacer eso; yo, al menos, no tengo ni idea de cómo afrontar esa aventura vital. Los días se persiguen, nosotros observamos. Un día es como una novela. Cabe de todo. Hoy mismo el día ha sido una novela. Creo que de género introspectivo. Será que estoy cansado.

2 comentarios:

Mycroft dijo...

Cuando acabes The OA me avisas (ya devorada). Con sus cosas buenas, sus cosas malas, es una experiencia.

Emilio Calvo de Mora dijo...

Hecho.
Hoy caerán unos pocos.
Ya vamos entrando en una rutina vacacional.