17.11.16

Una historia del humo



Fotografía: Bruce Davidson

Miradme, prestad atención, no miréis el humo, haced como que no hay humo. Hay cosas que no afectan si no fija uno en detalle en ellas. Lo malo es permitir que te miren. Luego cuesta mucho deshacerse del dolor que causan. El humo no duele: lo que duele es el recuerdo del humo. Te acuestas por la noche y escuchas cómo sale el humo de las chimeneas de las fábricas. No es un ruido como los otros ruidos. Si te paras a pensar, con sólo ocuparte un momento del ruido, te das cuenta de que no hay nada que se pueda hacer para que desaparezca. No hay alivio, no existe una ventana que puedas abrir o una puerta por la que puedas escaparte. Está el humo a lo lejos y la seguridad completa de que no hay nada más allá. Una vez escuché que alguien se había ido. Dijo que no quería más cielo gris. Ni chimeneas. Por eso no es bueno fijarse mucho en las cosas. Ni en el cielo ni el humo.

Sales por la mañana de casa y vas a la escuela, aprendes a escribir sin faltas de ortografía, comprendes que las cosas son buenas o son malas y que no importa mucho qué piensas tú, si te alegras o te parece que estar triste es la mejor forma de que nadie se dé cuenta de que estás muerto. Lo están mi oso y mi muñeca. Muertos de una manera que no sabría explicar ahora o que no podría explicar nadie. Se puede estar muerto sin que se note desde afuera. Hay quien está vivo y no se nota tampoco. Ayer miré al oso y a la muñeca un rato bien largo. Por si parpadeaban. Por si hacían un gesto que delatara una brizna de vida. Dice mamá que no debo hablar con mis juguetes. Ni sacarlos a pasear cuando las chimeneas están trabajando a tope, pero cuándo no están, le digo. Ahora mismo vuelvo a casa. Ha sido un paseo corto. Suelen ser cortos. Me ha dado una tos muy fea. Creo que el oso ha tosido un poco. No estoy seguro del todo, cómo podría estarlo, pero ha carraspeado. A la muñeca no le he visto jamás debilidad alguna. Es firme. La admiro. Cualquier día le dejo todo el carrito para ella y la saco de paseo sin la presencia un poco intimidante del oso. Hay que entretenerse, les cuento a los dos. En un sitio como éste hay que buscar donde no hay. A veces, en mi desvarío, oigo que el oso le confiesa a la muñeca su malestar. Cuchichean, hablan sin mirarse apenas. No se les ve conducir una conversación seria. Ni siquiera pasa de un par de palabras. Un día escuché humo. No me atreven a contarle nada de esto a mamá. Me dejará sin salir. No podré sacarles de paseo. Tendré que ver el humo desde la ventana o escuchar el ruido que hacen las chimeneas desde la cama.




5 comentarios:

Luis Khadour dijo...

Buenas tardes,
Estoy casi seguro de que esa fotografía es de Bruce Davidson. Bonito texto. Un saludo.

Emilio Calvo de Mora dijo...

Busco. Muchas gracias.
Espléndida la foto.

Luis Khadour dijo...

Es un gran fotógrafo. Busca que seguro que te inspira algún que otro texto. Dale saludos a Verónica de mi parte. Te leo por ella...

Emilio Calvo de Mora dijo...

Es Davidson, comprobado, Luis. Muchas gracias. Un saludo.

Carmen dijo...

Mirando las fotografías de Bruce Davidson dan ganas de escribir hasta a quien no sabe hacerlo, así que a ti te podría inspirar muchos muchos escritos (buenos escritos) sin duda.

Ahora mismo se expone su obra en Madrid. La semana pasada tuve la ocasión de visitarla. Es magnífica.

Un saludo