15.10.16

de lo que no sabemos


al tiempo le incumbe el vacío
su limbo sin sustancia
ahí en ese festín de lo solo
adquieren rango de flecha las horas
en ese espacio de clausura
donde está la primera sustancia de las cosas
sucede la luz consecutiva
sucede lo oscuro sin aristas
detrás está el cansancio
el cansancio con su ejército furioso
su discurso muy triste
no sabemos nunca
nada del tiempo
dónde acecha
en cuál de sus arteras tramas
ofrece su piel más tosca
cuándo a capricho de su antojadizo soplo
va a importunarnos
si nos hará sentir flaqueza en el ánimo
si vendrán duros los tiempos
y los prodigios levantarán iglesias

ir así viviendo
sin otra certidumbre que la noticia de las horas
las horas persiguiéndose
sin otra servidumbre que la misma sombra
proyectada en el suelo
aun a pesar nuestro
como si fuese de otro y otro la gobernase
como si la sombra la acogiese

1 comentario:

Melmoth el errabundo dijo...

No me preguntes por qué te dejo aquí este poema de Borges, amigo mío, no me lo preguntes porque lo lo sé. Quizá un bello poema conduce a otro, quizá una situación concreta te lleva a otra. Y yo qué sé. Mientras leía tu poema me venía a la memoria el otro poema del genial argentino: "Un soldado de Urbina", y también, quizá, a otro soldado: Drogo, el de la novela de Buzatti; El desierto de los tártaros.

Sospechándose indigno de otra hazaña
como aquélla en el mar, este soldado,
a sórdidos oficios resignado,
erraba oscuro por su dura España.

Para borrar o mitigar la saña
de lo real, buscaba lo soñado
y le dieron un mágico pasado
los ciclos de Rolando y de Bretaña.

Contemplaría, hundido el sol, el ancho
campo en que dura un resplandor de cobre;
se creía acabado, solo y pobre,

sin saber de qué música era dueño;
atravesando el fondo de algún sueño
por él ya andaban don Quijote y Sancho.

Un fuerte abrazo, amigo mío.