28.9.16

En el 25 aniversario de la muerte de Miles Davis



Hoy hace 25 años que moría Miles Davis. Yo siempre lo tuve muy claro: "Miles vale Davis que mal acompañado". Suelo decirlo cuando me achispo entre aficionados al jazz o cuando concurren las circunstancias que permiten extraviarse en esas distracciones verbales. No suele hacer gracia, no mucha, la verdad. Quizá la primera vez. Siempre es útil, como chiste malo, cuando no se conoce. Suele pasar con los chistes. Al repetirse, pierden toda posibilidad de asombro. Por otra parte, quede como aclaración biográfica, no me achispo con frecuencia, y menos con connoiseurs, gourmets o feligreses puros del jazz. Tengo un par de buenos amigos que calzan ese zapato, pero son prudentes como yo mismo.
El jazz es el que puede repetirse sin que se malogre la dulce perplejidad que produce en quien se entrega a su escucha. El jazz exige eso, entrega. El jazz de Miles Davis, no el primero, el de la etapa bebop o la cool, es a veces duro de roer. Hay escuchas de su periodo de fusión (no sé, desde finales de los sesenta a casi final de los setenta) que requieren un adiestramiento, una especie de disciplina que no siempre es fácil de acometer. A Miles se le perdonaron todas las excentricidades que hizo. Fue el verdadero embajador del jazz, quizá juntamente con Louis Armstrong, en otro ámbito del género. A mí en particular me hechizó con Kind of blue. Lo compré en una tienda de segunda mano que hay en Córdoba (y que lamento no saber si todavía existe, ojalá) Había allí cientos de vinilos y toneladas de cómics. Cogí Kind of blue y un disco de standards de Joe Venuti y Stephane Grappelli llamado Venupelli's blues. Uno ha crecido mejor que el otro, sin que el violín y la guitarra de Joe y de Stephane merezcan aquí mi torpísimo reproche. Pero Miles era otra cosa. Todavía recuerdo mi fascinación cuando comenzaba So what. No sé si tenía dieciocho o pocos más años y solía escuchar a Billy Joel o a Supertramp o a la Electric Light Orchestra. El jazz fue un acontecimiento distinto. Me enseñó las cosas invisibles que siempre imaginé que se apartaban cuando yo me acercaba. Las vi. Se me ofrecieron. Siguen. Duran

1 comentario:

g dijo...

Gracias por esas últimas palabras...

"[el jazz] Me enseñó las cosas invisibles que siempre imaginé que se apartaban cuando yo me acercaba. Las vi. Se me ofrecieron. Siguen. Duran."

Has dado también en mi clavo!!