20.9.16

El Quijote

El Quijote ha sido mi lectura veraniega. La he disfrutado como si supiese nada de ella, como si no la conociera, como si la lectura que le hice hace veinte años no tuviese asiento en mi memoria ni en mi manera de entender la literatura, asunto que (por otra parte) muta conforme van cayendo libros y mi parecer se matrimonia con las nuevas lecturas y con la novedad (bendito ese asombro) que me procuran. De Cervantes diré que usa un castellano esplendoroso. Por encima de las bondades narrativas, de los hallazgos meramente novelísticos (pensemos que es una de las primeras novelas, pensemos que mucha de la novelística posterior nace de este capricho) lo que fascina de Cervantes es el manejo exquisito del lenguaje, la inclusión no forzada de la lengua popular embutida en un traje sofisticado, pero accesible. No sé pensar en El Quijote sin que se me cruce toda esa a veces feliz contaminación cultural que lo ha reclutado para fines no enteramente literarios. Tampoco sabría desmenuzarlo, hacer aquí un texto largo en el que me explique a mí mismo su esencia. No hay interés, no lo hay en absoluto. Me interesa ahora el pensamiento quijotesco. Hay ratos en el tráfago del día en los que me viene un pasaje y pienso a la manera del Caballero de la triste figura. Dura poco. No creo que el bueno de Don Alonso Quijano fuese feliz en este alborear del siglo XXI. Su extravío sería más disperso. No caería en el veneno dulce de los libros de caballerías: lo que le atrofiaría el seso sería internet, ese infernal perpetuum mobile que es el google. Le tengo ganas al nuevo libro de mi amiga Marina Perezagua, Don Quijote de Manhattan. Está ahí, aquí cerca, a mi vista, esperando turno. Quiere disfrutarlo. No habrá mejor ocasión que ésta, cuando tengo frescas las andanzas del mejor desfacedor de entuertos que las letras han parido.
El dibujo, cuyo autor no he encontrado, refleja esa distopía formidable que hace que los personajes de las grandes novelas dialoguen entre sí. Da igual que vistamos a Sancho Panza de un ewok y al Quijote de un espléndido C3PO. La posibilidad de que la calavera haga pensar al caballero en su condición mortal, en la teología, en las certezas un poco falibles en donde encontramos el asidero en el que afianzarnos y avanzar o el temblor (bendito temblor también) que nos hace tropezar y caer y seguir y amar por el camino con el entusiasmo de los héroes.

3 comentarios:

elf dijo...

Se llama Ulises el caricaturista.

Melmoth el errabundo dijo...

Existen dos personajes literarios fundamentales para mí: don Quijote y Gregorio Samsa.¿Por qué? Porque define a la perfección lo que es todo esto de la existencia y las trampas de la Historia, sí, con mayúscula. Verás, don Quijote salía de su casa cuando se le antojaba y podía representar todo su imaginario en la dura y seca realidad que le envolvía en aquella España de la contrarreforma a través de los campos de Montiel. Sí, a veces le apaleaban haciéndole perder más dientes de lo necesario, o "manteaban" al bueno de Sancho, pero, al fin y al cabo, veía princesas, castillos encantados, ejércitos e injusticias donde él podía "enderezar entuertos". Luego volvía a casa, descansaba y vuelta a empezar. Pero ya en el maldito siglo XX Gregorio Samsa ni se atreve a salir de su habitación convertido en insecto. ¿Qué ha pasado con las trampas de la Historia? ¿Qué nos ha pasado a todos?

Abrazos, amigo mío.

impersonem dijo...

Yo veo en "El Quijote" una metáfora social, donde su protagonista no ve el mundo como es, sino como debiera ser... Creo que Cervantes hace una crítica severa de los usos y costumbres de la época, que cobija en la locura del protagonista (muy cuerda, pues creo que con respecto a ella tambíen hay un trastrueque intencionado) con el fin de salir indemne de las represalias de los malos encantadores (fuerzas vivas de la época) que se vieran reflejados en la misma... pero mi opinión es muy lega...

Me he reído con lo que dices de que no crees que el bueno de Don Alonso Quijano fuese feliz en el alborear del siglo XXI y que su extravío sería más disperso por mor de internet... bueno, de internet y de un infinito de entuertos que desfacer... (a veces pienso en la obra literaria que nacería de la pluma de Cervantes y de Valle-Inclán en estos tiempos que transitamos...)

Diría que te gusta el verbo "matrimoniar" (espero no ser impertinente), pero es que después de la lectura de tus textos se me está hincando en la retina y en la memoria: ¡y me gusta!

No es fácil "ser quijote (cada cual dé contenido al concepto)" en estos tiempos, y hay que estar muy loco para serlo, pero hay quienes, por condición innata, no pueden renunciar a serlo... porque un "quijote" contemporáneo, al preguntarse ante la calavera (aquí también hay un cierto trastrueque) "¿ser o no ser?", siempre se responderá: ser uno mismo hasta llegar al no ser...

Creo que me fui por los Cerros de Úbeda... tengo propensión a transitar por ellos.

Saludos.