18.8.16

Bacon



Uno de los pintores que más gusta es quizá uno de los que más me incomodan. Logra que me irrite; hace que todo lo malo del mundo se ofrezca ante mí y me pida que lo observe. Miras el abismo y el abismo te mira a ti, decían los poetas apocalípticos. De Francis Bacon, de él hablo, me quedo con su sensibilidad quebradiza, impura, sucia al punto de que uno sólo busca la posible limpieza que todavía quede debajo. No sé si el pintor, al airear su caos, lo alejó o toda esa voluntad de restituirlo sólo hizo que se impregnara más de él. En todo caso me sigue fascinando esa función del arte, la de expulsar los demonios o la de hacerlos tuyos. A veces el demonio es el que escribe o el que pinta. Leemos páginas turbias. Las mejores páginas son ésas precisamente: las que evidencian el dolor de quien las escribe. Toda la literatura es una especie de volcado del mal o una búsqueda (invisible) del bien. Imagino que el que pinta, quien pinta de cierta manera, también maneja estos argumentos. Somos afortunados los que podemos (con más o menos fortuna) liberar el alma con estas estrategias nobles. Hay nobleza en la creación. Luego está el lector (o el que mira un cuadro o ve una película o una fotografía), el lector comprometido con lo leído, el que lo deja correr adentro, aunque duela.


No sé la autoría de la estupenda viñeta que me hizo pensar en todo esto.

2 comentarios:

Fernando Berches dijo...

Bacon era un tarado iluminado. Falran de ésos para que el mundo funcione mejor. Ahora todo es muy.... plano. Gracias por las palabras. Seguiremos...

Martin Hervás dijo...

Me impresiona mucho lo poco que he visto de Bacon, en un momento pretendo mirar algo. Gracias por la letra compartida tan generosamente. Feliz aniversario.