8.6.16

No haber sido fantasma y otras consideraciones especulativas

No haber visto una película húngara en un cine de verano.
No haber leído a Mann en un balneario.
No haber escuchado la quinta de Mahler en un festival vienés.
No haber aprendido lenguas germánicas medievales.
No haber sido Jimi Hendrix en Woodstock.
No haber despachado mate con Borges en un zaguán porteño.
No haber tenido la voluntad de haber aprendido a tocar el piano.
No haber bebido bourbon con Bukowski en un tugurio.
No haber escrito un haiku en Japón.
No haberle dicho a Truffaut lo que tendría que haberle preguntado a Hitchcock.
No haber convencido a Robin Williams para que no se retirase tan pronto.
No haber escuchado las variaciones Goldberg tocadas por Michel Petrucciani.
No haber asistido a ningún concierto de The Rolling Stones.
No haber vivido en Londres, ni haber pensado en Wendy y en sola que está.
No haber terminado las tres novelas que he empezado.
No haber ganado el premio Loewe de poesía.
No haber conversado con Cortázar sobre cronocopios y famas.
No haber dormido en hotel Chelsea.
No haber sido instruido en las bondades del campo.
No haber tenido ninguna educación para el dolor.
No haber dicho tantas cosas que dije, no haber escuchado tantas que escuché.
No haberme retirado del oficio de amar en alguna ocasión.
No haber sentido al oído la voz de Dios todavía.
No haber estado en el delta del Mississippi, en un antro en donde toquen blues sucio,
No haber amado más, no haber comprendido que siempre es posible amar más.
No haber sido licántropo, no haber sido fantasma, no haber sido el hombre del saco.
No haber registrado los sueños que en ocasiones recobran su trama en mi cabeza.
No haberme empleado con los amigos, no haber abrazado a algunos que ya no veo.
No haber conversado con mi amigo Antonio sobre la bondad del género humano después de ingerir una cantidad escandalosa de cerveza.
No haber contado a nadie que amé a Kim Novak.
No haber visitado el Louvre, no haberme perdido un día entero en el Louvre.
No haber confesado a nadie que por la noche, cuando voy conciliando el sueño, elijo cuál el mejor momento del día.
No haber amado profundamente a la flacucha de la Hepburn.
No haber votado a Podemos, no haberme arrepentido.
No haber estrechado la mano de Antonio Muñoz Molina, no haberle dicho que admiro su constancia y su honestidad.
No haber caído en la cuenta de que quizá convenga dejar de escribir, no haber sentido de verdad la necesidad de dejar de hacerlo, no haberme convencido de que ya está todo dicho y que sólo me esmero en disimular el bucle en el que ando.
No haber tenido un foxterrier y haberlo sacado a pasear por la Gran Vía.
No haber haberme ido de casa con una amiga que me lo propuso.
No haber amanecido en Islandia.
No haberle dicho a Lynch que no me gusta Laura Dern.
No haber participado en un certamen floral con un poema sobre el pubis angelical de las ninfas de mis sueños.
No haber invitado a casa a Hilario Camacho y haberle dado las gracias por hacer poesía y cantarla.



1 comentario:

Mycroft dijo...

Me parece muy bueno, pero lo releo en una fase de no insomnio para paladearlo mejor.
Ta cambio a Kim Novak por Claudia Cardinale. Y lo de Mann más o menos si lo he hecho. El día en que Williams se fue lloré, no así el día de Kurt Kobain, a quién he admirado más. Lo de abrazar más a lo mámigos por supuesto.
En lo de Muñoz Molina diferimos. Si me lo cruzo por la calle, me cambio de acera.