29.6.16

La vida lenta


Una vida lenta es lo que uno quiere. A veces cuenta la lentitud, ese dejarse llevar, ese no estar, ni siquiera parecer que se está. La posibilidad de que pueda uno detenerse, pensar sin tener que avanzar al mismo tiempo, obedecer al cuerpo, que a veces pide un receso, una especie de intimidad que no le concedemos casi nunca. Después volver, acudir a donde se solía, saludar como entonces, beber en la barra del bar, mientras los cercanos despachan las razones de las cosas. Volver más tarde, sí, con el trabajo personal hecho. Se tira uno la vida entera, la vida lenta y la acelerada, buscando razones a las cosas. Empieza el verano. Hoy tengo esa sensación de que el verano acaba de empezar.

1 comentario:

Melmoth el errabundo dijo...

Te escribo este comentario desde la terraza de mi casa. A mi lado una jarra helada de cerveza. Miro hacia abajo y veo el parque repleto de sauces llorones y acacias. Los gorriones cantan plácidamente por entre las ramas de una magnolia, y de vez en cuando los pájaros se lanzan a lo azul en un juego entrañable que me regocija con el entorno y el curso plácido del tiempo, lejos de los nuevos comportamientos caracterizados por la exigencia de eficacia y rapidez, por la preocupación obsesiva de ganar tiempo; lejos de las personas que se vuelven alérgicas a la menor espera, devoradas como están por el tiempo comprimido de la inmediatez y la urgencia. La época de la "bendita paciencia" en que la experiencia de la espera era un elemento de felicidad desaparece en beneficio de una cultura de la impaciencia y de la satisfacción inmediata de los deseos.
Ya tenemos de nuevo el verano que siempre pertenece a la infancia, con o sin el Misisipi. Te lo digo, amigo mío, porque siempre que entra el verano en mis emociones releo Las aventuras de Huckleberry Finn. A los adictos a la prisa y la velocidad siempre les cito a Oscar Wilde que decía: "¿De qué le sirve a un hombre viajar a sesenta millas por hora? ¿Acaso eso le hace mejor? Porque un tonto pueda comprar un billete de tren y viajar a sesenta millas por hora ¿es menos tonto?". Pues eso.

Feliz verano, amigo mío.