13.6.16

Jack Torrance toma un whisky con Kubrick en el Overlook



Un whisky con Kubrick en el Overlook. Lo toma Jack Torrance antes de derribar la puerta con el hacha. Creo que no tengo una frase mejor en la que resuene tres veces la letra k,, firme y estimulante, Lo que me fascina de la fotografía del rodaje de El resplandor (The shining, 1980) es la posibilidad de que afuera el mundo no exista, de que todo sea nieve y silencio. La nieve intimida a su modo, se impregna en el carácter de quienes la observan o la pisan o la odian, y hace que las tramas novelísticas en las que aparece sean de corte agresivo, estén adornadas de muertos y la música que la amenice sea minimalista, de violines muy levemente acariciados, de guitarras lamentándose continuamente. El invierno cobra sus peajes. El frío es la oscuridad a la que acudían los románticos y los góticos para contar sus miedos o para hacer que otros los tuviesen. Lo fascinante de El resplandor es la posibilidad de que todo haya sucedido y un velo nos lo enturbiase. El modo en que King dosifica la retirada de ese velo y el modo también en que lo aparta con violencia y deja que todos los demonios afluyan. Sólo de beber y no escribir hace de Jack un chico aburrido. Seguro que sí. 

1 comentario:

José Luis Martínez Clares dijo...

El momento en que ficción y realidad se entrelazan. Aunque yo no sabría discernir cuál es cada una. Un abrazo