10.6.16

besos puros con intención de atlas

primero me quitaré el paisaje,
el paisaje antiguo y el nuevo,
preguntaré si la vida ocurre cuando no la ocupa el paisaje,
habrá entonces tal vez un solitario temblor tendido en la sílaba
como un sueño,
un amor previsto o percutido o un amor fugado
que dicte ebriedad a las palabras,
seré una sombra, dejaré que los perros me habiten,
dejaré que el vértigo fluya,
el vertigo con la fiebre juntamente,
el tiempo es un trono de niebla,
un dado de espuma,
toda esa altura posible en una plenitud sin volumen,
hablo solo, me escucho, creo que todavía puedo seguir así unos años,
saludo con gestos elementales 
pájaros levemente levógiros 
que mordisquean el aire y me miran alucinados,
hay una conferencia de pájaros, 
un hombre vocea dentro, muerde adentro,
muere en ese interior de poca luz o de ninguna,
el dolor cabe en un pen drive,
son dolores pequeñitos, escasos,
la piel es un espejo donde loca, insensata, 
la luz se suicida en una fanfarria de sombras,
escribo lo que una parte de mi cabeza va dictando,
es curioso lo que hace la cabeza sin que nosotros tengamos un conocimiento fiable, 
de hecho qué es fiable, la luz no es fiable, no es fiable la voz con la que hablo,
la tos es fiable, el dolor es fiable, morir es fiable, 
la vida la sabemos, tenemos la propiedad de su empeño,
afuera se mastique un desvanecimiento, 
un alud caprichoso de adjetivos,
abismo para aturdirnos,
quedarnos después así como idos,
como cuando bebemos bourbon en el ático 
y Miles Davis en Montreux con sordina acompaña cada trago 
con un apunte de genio,
esta es la escritura invisible, 
la escritura de los pájaros, la inmediata, 
la que cuesta menos porque sale del pecho como un grito,
pero cuesta respirar, duele respirar, acabaremos muertos de respirar tanto,
cuesta ser uno mismo y no contradecir el corazón,
la cabeza va a lo suyo, inventa frases, pone en mis dedos lo que todavía no he pensado,
cuesta el verbo y cuesta hasta la luz que se empecina en despertarme,
cuesta igual contemplar la noche dentro de unos zapatos también cuesta,
dormir como un perro cartesiano que olisquea, asalvajado, telúrico,
huesos en sus ladridos,
he aquí el perro primario, el único perro posible, el primero de todos los perros,
cuando me borro los signos primordiales de la lucha,
semejo un perro
el hombre lírico, el hombre puntal del hombre, la voz ya cimiento de una fuga,
sol izado,
sol ido,
sol machacado por un verso imprudente que lo succiona
y entonces la oscuridad establece su reinado infame 
durante los breves minutos que tardas en evacuar el miedo 
y regresar al tacto flamígero del sexo perfecto bajo la luna intacta,
escribo en la distancia,
a salvo de la métrica, a salvo de las especulaciones,
primero me quitaré el paisaje, la luz decantando el verso,
me borraré de cuajo las palabras minuciosas 
y luego las palabras divinas para quedarme en tránsito,
pediré que el viaje sea largo, como dijo el poeta,
este viaje de lienzos pobres,
este fondo de armario súbitamente nítido,
este pantalón de tweed en mis veinte años, 
en la facultad del tiempo,
comprobando el fulgor de los años, 
el terrible arpegio de la vida, la vida se inicia en la ropa,
en los que se nos va poniendo,

en ese paisaje,
en lo que más tarde elegimos nosotros,
hay quien muere sin haber elegido una corbata,
una corbata noruega,

quien muere sin haber sentido la punzada del amor, ah el amor,
sin haber leído versos de Neruda,
sin haber reflexionado sobre el origen del mundo,

sin haber estado acunado por el cosmos,
el origen del mundo
está en la vulva torrencial de la sangre,

en la fiebre del amor, en el vértigo del amor, en la luz completa del amor,
a mí que gusta muchísimo flipar con el envés de las palabras,
anoche soñé,
bendita ilusión,
y todo eso, uno elige cómo perderse,
ir entonces desalojando el ánimo,
azuzando contra él todos los fieros demonios,
uno se malogra en esos accidentes diminutos,
en esa concentración escandalosa de puro azar mecanicista,
el azar es el que guía las palabras,
es el dios del verbo,
el azar nos escribe,
el azar manufactura los días,
el azar con su gramática arcana,

el azar escribe, no me busquen, yo no estoy, hoy no está
emilio calvo de mora villar,
el azar aparece en los posos del café,

en  el dibujo del barro cuando la lluvia lo encuentra,
nos bebemos el azar cuando besamos a nuestra esposa 
en el tálamo apoteósico de los sueños alejandrinos,
cuando besamos al hijo puro y limpio,
cuando entregamos el beso al padre o a la madre,
que no entienden nunca este desvarío que no previeron,
no sabemos qué cosa se nos cuenta cuando se nos cuenta algo,
si las virtudes de la cosecha o el morbo de la ceniza,
en esto vamos creciendo, ahí estriba, intacta, la festividad de la decadencia,
los días forjan su vasta memoria en nuestra carne exvota,
en la piel ardida por los besos,
besos puros con intención de atlas,
besos con cuerpo o pesos sórdidos de amante experto 
que arranca gemidos como distraídos pájaros 
en el fondo carmesí de la entrega,
todas esas caricias alumbran el milagro de la reencarnación,
uno se reencarna en uno mismo y parece que es el antiguo,
el ya mirado, pero es advertidamente otro,
el que revisa su voz y halla en la voz el peso canalla de los años,
ese limbo fundado en la memoria,
ese no saber en este mundo,
pero no querer estar en otro,
esta precisión homicida,
yo sé que quien ha amado mucho, quien ha sufrido mucho, 
carece de alma, la ha ido perdiendo en esas aventuras del espíritu,
o posee un alma que no se puede sentir ni medir ni rendir a la eternidad,
dios está en el viaje, no en la salida ni en la llegada,
se advierte a dios como se aprecia el amarillo académico de una metáfora,
vivir es siempre muy sencillo, pero hoy tengo la mano rápida 
y martilleo el teclado hp inalámbrico 
mientras la familia hace sus cosas y yo dejo ya de inventar intoxicaciones,
he hallado el equilibrio y ahora publico entrada 
y miro el blog recién enfangado con este aleve apostasía de mi mismo,
con este sustrato mineral y patológico de voz pública,
voy a prepararme un café, 
voy a darme arrobo en lo que entiendo,
festejar el vuelo, 
creer en las alas,
pedir que nunca me deje intimidar por el silencio, 
pedir volver, pedir volar, pedir sobre todo la posibilidad de que nos deje pedir de nuevo

1 comentario:

Javi dijo...

Emilio, permíteme, voy a ser muy inocente escribiendo esto, pero de verdad que esto lo escribes del tirón sin que pares a respirar o a tomarte una cervecita? Eso de la escritura automática tiene sus riesgos. En este poema (si es que es) no lo noto. De verdad que estoy en trance. Más ESCRITURAS en las que no estás (estando o como sea)

Abur