24.5.16

El fuego, el vértigo / 10 sueltos

1
Vi adentro almendras, ebrias ofrendas de frutos, un esplendor dulce, un vértigo plácido, y entonces consentí ya enteramente el amor y nunca en el abrazo me turbó el desaliento.
2
Los días precisan su obediencia, el acatamiento de su discurso, la anuencia de su herida.
3
El tacto novicio que preludia el precoz jadeo. El aviso de la belleza. El alma festejando un incendio.
4
No es posible esperar mucho de un poema. Un vértigo, a lo sumo. Un vértigo no demasiado vistoso, en todo caso. Luego el olvido todo lo herrumbra.
5
Una urgencia me escala el pulso. Lagartija invisible me nubla la sangre.
6
Este manso decir palabras, esta crédula intención de lírica, este trampolín comido de fiebre, esta infancia larga, este cuerpo que me hospeda, esta vigilia, este no saber, esta ocupación sin propósito.
7
Desde el barco se ve un disparo.
8
Anochece en el azucarero. Taconea pasillo abajo la tristeza. Se ven tan poca cosa sus perritos que, a la luz de las linternas, parecen algas.
9
Los vasos cómplices. El humo íntimo. Un blues en el cielo de la boca. Irse después solo a casa. La noche cobra siempre sus aranceles.
10
Qué enorme incendio es la memoria.