22.4.16

Somos los que nunca podríamos ser, hacemos lo que nunca podríamos hacer, vamos donde nunca podríamos ir





Hay tres puntos de vista desde los que podemos considerar a un escritor: como narrador, como maestro, y como encantador. Un buen escritor combina las tres facetas; pero es la de encantador la que predomina y la que le hace ser un gran escritor.

Vladimir Nabokov


Uno miente porque no tiene un folio a mano o porque, cuando lo tiene, no sabe bien cómo armar la mentira y que ocupe muchos renglones. Se miente mejor si es un acceso espontáneo, si hacer concurrir la mentira anima la conversación o hace que quien nos escucha preste la atención que la verdad no alcanza. Se dicen  mentiras para creerlas también un poco. Una mentira mantenida durante días hace que adquiere un rango de veracidad. En ocasiones uno también miente por ver la credulidad del que se expone al juego. Porque todo queda en juego, en imponer a la realidad una trama novedosa y batallar contra ella y hacer que no se salga siempre con la suya. Hay vidas tristes que precisan de la injerencia creativa de la mentira. Yo escribo para mentir menos, aunque creo que no se me nota enseguida que no voy a derechas o que lo que digo no cuadra con lo que soy. Se miente con más oficio cuando no nos conoce el que escucha. Escribir es un acto deliberado de terapia. La ficción es el territorio de la felicidad absoluta. Somos los que nunca podríamos ser, hacemos lo que nunca podríamos hacer, vamos donde nunca podríamos ir. La vida, a fin de cuentas, es un viaje extraño que elige compañeros extraños. La verdad está sobrevalorada. Importa la calidad de la trama, no que podamos constatar su asiento, su conducto tautológico. A mi amigo K. le fascina que alguien que escriba pueda reglarse después por las convenciones habituales y se comprometa a no desvariar, a no caer en la frivolidad de mentir, de dar lo que no es dable. Decía mi amado Nabokov que la literatura no nació cuando un niño prehistórico gritó el lobo,  el lobo, con un lobo gris enorme pisándole los talones, sino cuando un niño prehistórico - un neardenthal, dice Nabokov - gritó el lobo, el lobo, no habiendo ningún lobo cerca. Entre el lobo falso y el verdadero está la literatura, la ficción, la narrativa sobre la que se ha edificado toda la Historia de la Humanidad. Sigo con el maestro. Sostenía que el niño que alertaba sobre la proximidad y el peligro del lobo fue el primer maestro, el primer escritor, el primer embaucador. Mentir (decir lo que no es, improvisar una premisa falsa para que se construya un relato) es además una máxima muy bien aplicada en esa Historia de la Humanidad. Todas las religiones han pensado si conviene más hacer que el lobo hinque el diente y devore al niño o que lo deje vivo y el niño fabule la verdad del lobo. Un lobo suyo, por supuesto, un lobo fantástico.

1 comentario:

censurasigloXXI dijo...

El mundo irreal y fantástico de la mentira literaria es una de las mayores creaciones del cerebro. Algunas religiones tenían cerebros muy trabajadores y negociantes :))

Un saludo y un café, si te apetece ven a mi blog y trae unas galletas...