26.3.16

Los huevos rotos


Jean Baptiste Greuze, Huevos rotos, 1756, The Metropolitan Museum of New York


Castigadme como gustéis, no fue mi intención, no quise, de verdad, no quería hacerlo, yo salí de casa, salí como todos los días, me compuse con las ropas de diario, ni muy vistosas ni las que se dejan para casa, cuando nadie nos ve, salí al mercado, la verdad es que no me apetecía mucho, tenía trabajo retrasado, no me culpéis, hay mucha faena en casa, no tengo ninguna ayuda, el hermano es pequeño, y es hermano, y madre ya tiene bastante con lo que tiene, ya lo sé, pero una tiene que quejarse, no está bien guardárselo todo, un día que no te esperes sale todo lo que te has ido guardando, y es peor, creedme, el mercado está lejos, caminé sin alzar mucho la vista, sin ver quién me miraba, sin mirar yo a nadie, iba a lo que iba, como siempre decís, compré los huevos, pagué lo fijado, volví con la cesta, sin alzar mucho la vista, lo justo, sin mirar a nadie, aunque una no puede evitar lo que ve, por eso vine nerviosa, vi un caballero como no vi otro, iba a caballo, vestía como no he visto a nadie, no creo que se fijase en mí, una muchacha con una cesta de huevos, pero tuvo que verme, yo creo que me vio, sentí una punzada, yo no he sentido muchas punzadas, quizá uno, pero me hicisteis entrar en razón, no tengo edad, tengo una casa que atender, un hermano que cuidar, soy joven, pero hay asuntos que no puede gobernar la cabeza, las rige el corazón, fue el corazón el que se me envalentonó, empezó a latir como yo no sabía que pudiera hacerlo, brincaba pecho adentro, me subió un color y luego otro, me azoré, me turbé, me convencí de que no es bueno desobedecer, no iba a llevar a nada bueno que yo saliese a por huevos y volviese ruborizada, turbada, sí, mucho además, así que apresuré el peso, cerré los ojos, no fuera que lo viese de nuevo, cerré los ojos, quizá más de la cuenta, y un señor me embistió, juro que no fue mi culpa, se me echó encima, me derribó, caí, manché de barro mi ropa, hice que los huevos saliesen de su cesta, algunos se rompieron, lloré entonces, lloré mientras los recogía lo mejor que podía y los dejaba en el cesto, como si no hubiese pasado nada, ojalá pudiésemos echar atrás el tiempo, de haberlo sabido, habría ido por otra calle, pero quién sabe, hay caballeros, los hay siempre, van andando o en sus sillas de montar, miran con embeleso, no sé si lo hacen a posta o es que los guía el azar, pero alguno me ha dicho algo, nada que mereciese que yo contestara, me han dicho cosas que no desearía revelar ahora, sobre mi cara o sobre mi pelo o sobre mi manera de andar, yo sólo salgo al mercado a hacer la compra, vuelvo con la carne o con la fruta o con los huevos, entro en casa, me aplico en lo mío, atiendo con esmero mis labores, no debo buscar hombre, ya me lo decís, no lo busco, no sé cómo hacerme entender, por mucho que me explaye, por muy sincera que sea, al final cuenta que se rompieron los huevos, tendré que volver al mercado, iré con prisa, no temáis, volveré en cuanto los tenga, no fueron muchos los que cayeron, compraré los cuatro o cinco que se rompieron, me apresuraré en el regreso, iré por las calles vacías, donde no haya quien me azore, yo no tengo la culpa de que los caballeros me miren, de que anden por las calles sin oficio, como si sólo les hubiese puesto Dios en la tierra para hacer que las mujeres jóvenes temblemos de miedo, porque es miedo lo que siento, miedo o tal vez miedo y curiosidad, más que curiosidad que miedo, ahora que lo pienso, así que salgo ya, no me miréis así, vuelvo enseguida, esta vez no cerraré los ojos, no vaya a ser que vuelva a tropezar y mi torpeza malogre la compra y no traiga huevos, iré con los ojos bien abiertos, alerta, pendiente de que nada me aparte de lo mío, si me dicen algo, desoiré, si me lo repiten otra vez, contestaré como mejor pueda, les diré que sólo soy una moza que va a por huevos al mercado, eso es, que voy a por huevos al mercado, descuidad, quedad tranquilos, salgo ya, estoy nerviosa, no tardaré