30.3.16

hocicar en whitman / spleen redux

no sabemos qué vamos a hacer con el miedo, no sabemos qué vamos a hacer con el vértigo, no sabemos qué vamos a hacer con el tiempo, pero recogemos la basura, la basura de plástico, la orgánica, el papel, y vamos al supermercado, antes de entrar arrojamos el plástico, las raspas del besugo, los huesos del pollo y el periódico de anoche en los contenedores soterrados, ahí va la embajada de las cosas, la mecánica celeste, los blues del delta y las palabras de amor a poco de que despunte el día

en mi pueblo han puesto muchos, se ve el pueblo distinto, el pueblo moderno, un contenedor soterrado dice más de un pueblo que una estatua de pablo neruda en una plaza o un santo en mitad del jardín donde progresan los juegos de los niños

los poetas casi nunca merecen estatua en plaza salvo que, oh azar, oh delicado atropello de las horas, el poeta haya nacido a la vera de esa plaza, en la calle aledaña, en una casa de dos plantas, más bien humilde, donde la concejalía de cultura y bienestar doméstico ha construido un santuario turístico al que vienen frikis del verso endecasílabo, vienen en tromba, leen a whitman, leen al primer keats, vienen alucinados, vienen y declaman capitán oh mi capitán, leen a rilke, todo lo que a me entrego se hace rico y a mí me deja pobre, leen a vuelaojo versos historiados, se asedian a versos mientras afuera la realidad se adensa en lluvia

dentro de la lluvia está whitman, está neruda, están todos los grandes poetas de los libros, la poesía es una cosa que sucede en los libros, eso es algo que deberá tenerse en cuenta en adelante

no sabemos qué vamos a hacer con las odas elementales, con los versos más tristes esta noche, podemos sacar la basura, depositarla sin protocolo en los contenedores soterrados, el orgánico, el de plásticos, el de papel, esta vez no llevo botellas, pero hay un contenedor verde chillón con una boca menudita por donde el cristal se abisma hacia una oscuridad ruidosa a salvo de de la luz y del fragor de los colores
las horas crujen como la ginebra en el cerebro, las horas duelen como un retrato de baudelaire, las horas en vilo del poeta en lo hondo, abriendo puertas, contando sílabas, destrenzando tramas, pujando como si se alumbrara

mi corazón va al supermercado, llevo en un bolsillo la lista de la compra, el detergente, la cerveza, la leche, el suavizante, llevo en un bolsillo a bill evans, no sé cómo se puede ir al supermercado sin waltz for debby en el bolsillo, sin ese extracto de cinco minutos del cerebro tóxico de un genio con gafas de pasta, cara de matemático y pelo jim morrison antes del sacrificio, pero nada me satisface más que este festín de las palabras antes de ir a la cama, demorándome en un hilo, atendiendo otro que me llama desde dentro

las cosas importantes están en lo hondo, valen cuanto más hondo están, se desvanecen, se fragmentan, se mueren en la superficie, al oro del aire se van muriendo sin que podamos insuflarles un adjetivo, un verbo místico, éxtasis fonético, sublime polvo de letras, lo que whitman con su barba prehistórica, lo que neruda con su cara de profesor de latín, lo que baudelaire con su gesto esquizoide, lo que whitman, neruda y baudelaire sabían

el poeta conoce el ruido del universo, ve en los pasillos del supermercado secretas líneas de texto cósmico que los demás no ven, el ruido sin intención de los átomos de luz que nos embriagan de colores, el poeta está alerta, vislumbra lo que no está, lo inventa, un dios es el poeta, un dios nebuloso y responsable, todos los poetas saben qué ruido hacen las nubes al pasar sobre sus cabezas, aunque no lo sepan inmediatamente o no sepan nombrar con seguridad esa sensación plenipotenciaria, la que da el poema cuando se ha terminado y se aspira el aire y se constata que el universo está bien hecho y la armonía lo empapa todo

el poeta no está en contradicción con el universo, es el único sujeto que no está en contradicción con la mecánica celeste, el poeta ve los arcanos, el poeta entra en un supermercado, saca del bolsillo la lista de la compra, lee los apuntes, la letra extraña, escrita aprisa, la caligrafía de la rutina está en las listas de la compra, es la rendición semántica de nuestra esclavitud en el mundo

uno escribe leche porque una botella de leche o dos o un pack de seis le espera como la noche espera al día, en el extravío de esta crónica de mis vicios me observo con detalle, me declaro ajeno, me miro desde lejos, no me conozco, no sé quién es quien escribe, el que encuentra las palabras conforme las teclea, el que hace años que no ve a su amigo juan porque no sabe dónde está juan, aunque piensa a menudo en juan, en los bares en san fernando, en la cerveza con mucha espuma, en los bocadillos de tortilla de patatas, en las historias del exterior que amenizaban las historias del interior, pienso en juan, pienso en maría jesús, pienso en maría del mar, que me recogía en el panda de un primo y me dejaba a pie horas más tarde, después de haber oído la música acuática de haëndel en un cassette sanyo muy viejo, en una cinta tdk muy vieja, en un piso de alquiler sin muebles casi, pienso en your song cantada en un jardincito urbano con antonio y con auxita, pienso en whitman leído en un ascensor, pienso en baudelaire hace poco días, en el bolsillo de mi abrigo de invierno, el bueno, la edición de las flores del mal que tradujo jacinto luis guereña y editó visor en ese negro mítico que ilumina los ojos de los buenos aficionados a la poesía, pienso en todas esas cosas que no están o que están a trompicones o que sólo están cuando uno hace un esfuerzo verdaderamente considerable para que estén

confío en mí mismo, confío en la memoria a la que le debo mi vida, ignoro qué sería de mí si me fallase, si de pronto se me fuesen muriendo los nombres, el menú interactivo del guión, las corrientes de aire en el piso de la calle de la biblioteca, beautiful girl en samarkanda, jack daniels en el chiringuito oyendo sledgehammer a la medianoche, oyendo las obras completas de mendelssohn o las de dvorak, recuerdo que compré la sinfonía del nuevo mundo y la puse durante un monton de días, el adagio es una pieza que sobrecoge, a mi abuela le encantaba el adagio de la sinfonía del nuevo mundo de dvorak

va uno copiando en la lista de la compra el detergente, la leche, la cerveza, la mantequilla pero no puede ir copiando el afecto, la ternura, la sinceridad, el júbilo, en esas palabras grandes de homilía de la vida es donde está debby, la sobrina de bill evans a la que dedicó el vals que escuché anoche una vez más mientras regresaba a casa lentamente, demorándome en los escaparates, buscando prodigios en el aire, buscando a whitman en el cláxon de la furgoneta que casi derriba a un motorista, marzo es una fiebre de metales metafísicos, una fiebre clara y resuelta

mi amigo k. me ha pedido que deje de escribir en este blog textos automáticos, escribir por escribir, sin ahondar, sin pensar, me dice que no es manera, él cuida esos detalles, k. escribe de otra manera, exhibe un pudor del que yo carezco, me gusta exhibirme, yo no tengo vergüenza, presentarme a la espontánea audiencia, hablar de whitman, hablar de neruda, hablar de baudelaire, hablar sin otro objeto que ocupar el espacio en donde antes de que hubiese palabra únicamente había silencio, el moribundo silencio de los abrazos que se fracturan, el tiempo sin conciencia, las horas como un fardo, las horas sin rellenar de luz, las horas sin bendecir por ningún prodigio de ésos que la belleza ofrece a beneficio de quien está atento y lo recoge, las horas infinitas del tedio vencidas por las horas infinitas de la alegría sencilla de ser feliz unos minutos al menos, somos custodios de una felicidad partida, buscamos a diario la luz entre la sombra del tiempo, somos la herida iluminosa, el milagro paradójico, el despejador de incógnitas en el álgebra teológica, el astrofísico del alma, somos el beso nocturno, somos whitman tumbado en el centro exacto del universo, mirando arriba, mirando dentro, buscando arriba, buscando dentro

a k. no le gusta whitman por sencillo, no hay dentro, no ve dentro, se deja confundir por el peso liviano de las palabras, por su aparente fragilidad, pero dentro de whitman está la clave del universo, la ecuación absoluta, el texto secreto, la llave antológica, dentro del poeta whitman está baudelaire, dentro de nerude está whitman, está baudelaire, está la poesía trágica y la poesía cómica, el verso que blande un grito y el verso que tutela una levísima caricia, estos alivios de sábados por la mañana, oyendo jazz, pensando en juan, en maría del mar, en bill evans, en los años sin fluido, en los años sin dinero en el banco, en los años rosados de paseos por la judería a la vuelta de los pubs gloriosos del centro, en los años de danza invisible, en los años de robert smith diciendo que los niños no lloran, en los años de la universidad frenética de la vida, jugando al billar en el cairo, inventando versos en la clase de pedagogía, comprando discos en simago, viendo fantasmas en los surcos, objetos muy livianos de belleza ectoplásmica, invisible al ojo desatento, sólo presente si te dejas conducir despacio, muy despacio, whitman no es sencillo, qué va a serlo, únicamente hay que ahondar, hocicar, hocicar en whitman

pienso hoy en juan, en whitman, en los países metálicos de la infancia sin libros, en toda esa adolescencia sin sobresaltos en la que pude descubrir al yo vigilante, al yo auténtico que luego, al correr de los años, deviene siempre un yo transeúnte, un yo caótico, el errático escribidor de insomnios, el amanuense febril que en las horas últimas del día se concede el inocente placer de creer que alguien afuera va a tomarse en serio lo que ni él mismo, ya lo advierte k., se toma, pero van los días pasando, los días en su vértigo

no sabemos lo que es el vértigo, lo que son las horas, las bebemos a sorbos grandes, las mordemos con entusiasmo, creemos que las podemos convertir en palabra, decía cortazar que el frío complica siempre las cosas, y en ese plan es uno feliz deseando menos, evitando el frío, buscando a debby en un vals, en la lista de la compra, en los códigos de barras, en el sueño, en la piel del amor que tuvimos a los quince en un verano

k. busca a debby en evans, me enseñó a descubrir el texto dentro del texto, la melodía dentro de la melodía, el tiempo en el tiempo, el espejo en su hondura, pero ahora él se cierra, se aleja, huye, k. es un falso, eres un falso, le cuento, me mira, me analiza, sabe que le conozco bien, llevamos una vida juntos y hemos tenido las trifulcas juntas, alguna desavenencia, livianas frivolidades de dos que se condenaron a entenderse, la rutina del yo que se escinde y va al mundo solo y vuelve dolido, una especie de avatar, qué quieren que les diga, el avatar posible, los poetas nunca merecen estatua en plaza, la adquieren a lo mejor tarde, es posible, la adquieren a título póstumo, en el barrio en donde nacieron, con los vecinos mirando con orgullo, los poetas son una especie aparte, se dejan crucificar por el viento, son capaces de estar una noche en vela buscando el adjetivo perfecto, los poetas beben mundo, hoy he visto la realidad en forma de poesía y he visto al poeta beberse el mundo, abrirse el pecho a media tarde, contar las horas huecas del corazón, las horas fértiles, el atlas del corazón convertido en un discurso analizable morfológicamente, he visto al poeta zarandeado, al poeta manumitido de las reglas, vértice de luz, túnel de luz, secreta voluta de luz perfecta, pienso en todas estas cosas, las pienso ametralladamente, las pienso de dos en dos y de cinco en cinco, sin manejarlas, sin pensarlas realmente, más que pensarlas, las expulso, dentro de mí duelen, adentro me hieren, las libero, las alzo con las dos manos, las alzo con la boca llena de palabras, las escribo sin que me de pudor la escritura, la escritura no debe dar pudor, ninguna escritura, ningún corazón se debe esconder de la luz, se cierra el ojo, se nubla el verbo, se acaban las palabras, se acaba baudelaire tonight, se acaba la tromba fonética y no he escrito nada que pueda luego contar a nadie, en realidad qué podemos contar que de verdad merezca la pena ser contado, constatar y callar, dijo alguien, entresacar alguna enseñanza válida, oponer a la realidad un pequeño acto de insolidaridad tautológica, avituallarse de algunos venenos hermosos, quizá uno se explica en los venenos que se aplica