19.3.16

Días buenos, días mejores


No se tiene tiempo para nada o se tiene una idea confusa del tiempo y lo perdemos y más tarde lo perdemos nuevamente al pensar en cómo lo perdimos. Días en los que uno franquea obstáculos sin que se aprecie flaqueza. Días enteros en los que se hace aprisa lo que no requiere velocidad. Días de ir y de venir y de no saber a qué se va y a qué se viene. Días para no recordar nada de ellos. Dias de un gris oscuro. No se sabe bien cómo sortear estas inconveniencias. Se les resta importancia, se aplica la fórmula de siempre hay días mejores y de que el sol sale nuevamente cada día. Se piensa (un poco impelido por esa misma prisa que no se entiende y de la que no nos deshacemos) que mañana será todo distinto o que habrá algo uno de esos momentos majestuosos de belleza plena o de armonía absoluta. Se tienen a ratos o se tienen a ráfagas. Hoy el día ha sido de una limpieza emocional absoluta. Todo transcurrió con una serenidad que hacía tiempo que no encontraba. Será que el cuerpo está cansado o que la cabeza no rige con soltura y se amodorra y encuentra un lugar para sestear y no pensar y dejarse ir. Ustedes ya me entienden.