28.2.16

Willie Wonka no puede escribir una novela


No siempre tiene uno la familia que desea. Ni siquiera la mejor lo es a tiempo completo. Tampoco uno es feliz de un modo continuo y fiable. De la familia se tiene esa idea un poco subversiva de que a veces conviene que esté cerca y otras, bien lejos. Hay tantas familias como personas desean formarlas. Las hay de todo jaez. Conozco algunas que se llevan de maravilla y, en apariencia, jamás discuten. También las que confirman la ocurrencia de Groucho Marx de que la familia es una gran institución; por supuesto, contando con que te guste vivir en una institución. No creo que sea malo que existan tantos modelos de familia o que la tradicional esté en entredicho o (sencillamente) no cuente con los predicamentos morales de antaño.

A veces recuerdo a Willie Wonka, el personaje de Charlie y la fábrica de chocolate, la estupenda obra de Roald Dahl. Le decía a uno de sus visitantes lo poco estimulante que era la familia para fomentar el genio creativo. En realidad, no hay compañía que no malogre cualquier inclinación artística. Da igual que sea montar una novela, pintar un paisaje o componer una sinfonía. Yo creo que he escrito de noche. Casi todo lo que he escrito ha sido al dulce amparo de la noche. Era (sigue siendo) la única manera de que mis adicciones (los vicios de la escritura y de la lectura) restaran tiempo a mi vida familiar. No tiene nada que ver una vida con la otra. Al escribir, se requiere un encapsulamiento especial. Un retirarse, un no estar, un no ser interrumpido incluso. La idea que he ido conformando (matizada, discutible) es que es imposible ser escritor a tiempo completo. Con lo feliz que yo sería, le digo a K. Me levantaría pensando en la obligación de escribir, en la de rendir cuentas conmigo mismo, de entrada. Como tal cosa no sucede, y está bien que sea así, dicho sea de paso, se escribe a estas horas, se cuenta el mundo a oscuras, se deja constancia de cómo funciona cuando afuera todo está apagado y en casa, mientras uno teclea el teclado, los demás duermen, ajenos, anchos, felices y ajenos.